El Senado de México ha dado un paso significativo al aprobar una reforma constitucional que obliga a los candidatos a la presidencia o gubernaturas a renunciar a cualquier nacionalidad que posean, además de la mexicana. Esta medida, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, surge en un contexto marcado por el rechazo a la intervención de Estados Unidos en la política nacional.
Durante su exposición, Sheinbaum hizo referencia a ejemplos recientes en América Latina, citando a figuras políticas como Daniel Noboa en Ecuador y Abelardo de la Espriella en Colombia, quienes ostentan la nacionalidad estadounidense. “No puedes jurar a dos banderas y ser representante del Estado mexicano”, afirmó la mandataria en una rueda de prensa, señalando así la incompatibilidad entre las múltiples nacionalidades y el compromiso hacia una sola nación.
La reforma, respaldada por la mayoría oficialista del partido Morena, logró ser aprobada con 86 votos a favor en el Senado, los mismos necesarios para modificar la Constitución, y 42 en contra. Este escenario se enmarca dentro de una mayor flexibilidad en la Cámara de Diputados, donde el partido de Sheinbaum y sus aliados mantienen una sólida mayoría que ya había respaldado la propuesta la semana anterior. Sin embargo, la aprobación final del dictamen depende de su validación por al menos 17 de los 32 congresos estatales, la mayoría de ellos bajo control de Morena.
Los opositores a la reforma han expresado preocupaciones válidas acerca de la posible restricción de derechos políticos para los mexicanos con doble nacionalidad, muchos de los cuales son descendientes de migrantes en Estados Unidos. Durante el debate, el senador Luis Donaldo Colosio, del Movimiento Ciudadano, advirtió que esta modificación podría crear “dos categorías de mexicanos dentro de la Constitución”, dividiendo a quienes tendrían derechos plenos y a aquellos con derechos condicionados.
Sheinbaum también reveló que cerca de 40 millones de personas de origen mexicano, de distintas generaciones, residen en Estados Unidos, destacando la relevancia de la diáspora en este contexto. La reforma se presenta en un momento en que la mandataria enfrenta presiones desde Washington para endurecer la lucha contra el narcotráfico, con amenazas de intervención en suelo mexicano por parte del expresidente Donald Trump, algo que Sheinbaum ha rechazado de manera contundente.
Esta reforma no solo afecta la dinámica política interna, sino que además se suma a cambios anteriores en la Constitución que permiten anular elecciones por “injerencia extranjera” y aumentar las sanciones por espionaje realizado por extranjeros. A medida que este proceso legislativo avanza, el impacto de estas decisiones seguirá siendo un tema de debate profundo en la sociedad mexicana.
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