Horas después de su primera derrota legislativa, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó un plan B con el objetivo de mitigar el impacto tras el rechazo de su reforma electoral por parte de aliados cruciales de Morena. Este plan busca, entre otras cosas, implementar la revocación de mandato para 2027, anticipándola a lo estipulado por la ley que la programa para 2028. Además, propone someter a consulta popular la reducción del financiamiento público a partidos y replantear los costos de operación en congresos locales y del Senado.
En una comunicación informal, Sheinbaum explicó que su propuesta tiene como fin reducir los privilegios de los partidos y las autoridades electorales. Sin embargo, aún no ha revelado medidas específicas que afecten al Instituto Nacional Electoral (INE) o a los organismos locales.
Uno de los aspectos destacados de su plan incluye un techo al gasto en las entidades gubernamentales, buscando ahorrar lo que se había contemplado en su reforma constitucional. Se estima que esta medida podría generar un recorte de hasta 4,000 millones de pesos, que se destinarían a programas sociales.
La mandataria mencionó ejemplos de los altos costos que representan los legisladores locales, señalando entidades como Baja California, donde el gasto por diputado es de 34.8 millones, y la Ciudad de México, con 28.5 millones por legislador. Además, propone que las consultas populares incluyan temas electorales, lo que actualmente es prohibido por la Constitución, para preguntar a la población sobre la reducción del financiamiento político.
A raíz de la votación que desechó su reforma, Sheinbaum ha destacado que este revés ha dejado claro quiénes apoyarían la reducción de privilegios y quiénes se oponen. La presidenta destacó que, en la votación, solo Morena y algunos aliados votaron a favor de su propuesta, mientras que todos los demás se manifestaron en contra.
En cuanto a la relación con sus aliados, personajes clave como Ricardo Monreal, jefe de la bancada morenista, estaban al tanto de que la derrota era esperada. Sin embargo, se esforzaron por mostrar unidad para las próximas elecciones intermedias en 2027, a pesar de la negativa de los partidos Verde y del Trabajo a apoyar la reforma de Sheinbaum.
Ambos partidos dejaron claro que, aunque no respaldaron la reforma, no buscan romper la alianza con Morena. Significativamente, las encuestas indican que su viabilidad electoral por separado es bastante limitada, alcanzando apenas un 3% de intención de voto, el mínimo necesario para sustentar su registro como partidos nacionales.
Con este contexto, el plan B de la presidenta no solo busca corregir el rumbo tras la derrota, sino mantener la cohesión en una coalición que se enfrenta a retos importantes en el horizonte electoral.
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