Las recientes salidas de la presidenta Claudia Sheinbaum a varios estados de México han captado la atención, especialmente en un contexto de creciente violencia y con el Mundial de fútbol a la vista. Desde hace dos semanas, sus visitas se han enfocado en regiones claves para el Gobierno, en un esfuerzo por comunicar tranquilidad a la población. La presidenta ofreció su conferencia matutina desde Sinaloa, un punto crucial para la seguridad del país, el pasado viernes, un estado que ha sido un foco de preocupación desde que asumió el cargo.
La situación ha evolucionado rápidamente; Sinaloa ha sido eclipsado por Michoacán y Jalisco en términos de violencia. El asesinato del alcalde de Uruapan marcó una escalada en Michoacán, pero Jalisco ha resonado más fuertemente tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El caos que siguió a su captura ha llevado a Sheinbaum a programar visitas a Guadalajara, una de las sedes del próximo Mundial.
A pesar de sus intentos de demostrar control, la violencia persistió. Durante su visita a Culiacán, informaciones sobre el asesinato de una madre buscadora en Mazatlán revelaron que las organizaciones criminales no se amilanan ante la presencia gubernamental. Jalisco no solo está lidiando con sus problemas de seguridad, sino que también tiene una presión adicional debido a la proximidad del Mundial, que comenzará en junio. A pesar de las reiteradas declaraciones de Sheinbaum, que afirman que no hay riesgo para el evento, los escépticos continúan preocupados.
La muerte de “El Mencho” provocó una ola de represalias que incluyó bloqueos de carreteras y ataques incendiarios en diversas localidades. En un solo día, varios agentes de la Guardia Nacional fueron abatidos, evidenciando la magnitud de la violencia en Jalisco. Las estadísticas son alarmantes: el registro estatal indica que hay más de 16,000 desaparecidos, y aunque las cifras han disminuido en los últimos años, la situación sigue siendo crítica.
A medida que Sheinbaum se prepara para visitar Guadalajara, su gobierno enfrenta la dualidad de desmantelar estructuras criminales y mantener la paz. La caída del capo, aunque significativa, no garantiza el fin de la violencia, y el desafío restante es cómo evitar que lo que sigue sea peor que lo anterior.
Más allá de Jalisco, las presiones internacionales, como las del Gobierno de Estados Unidos, exigen resultados tangibles en la lucha contra el narcotráfico. En respuesta a estas exigencias, el Gobierno Mexicano ha intervenido en el desplazamiento de narcotraficantes hacia cárceles en EE. UU., además de realizar decomisos importantes.
La historia reciente de México demuestra que eliminar líderes criminales no es suficiente para erradicar la violencia. La verdadera batalla radica en fragmentar las organizaciones y asegurar que las consecuencias de la lucha no sean más destructivas que las causas mismas. Con la mirada del mundo fijada en el próximo Mundial, la presión sobre el Gobierno es mayor, obligando a la presidenta Sheinbaum a adoptar un enfoque que combine firmeza y cautela en la gestión de la seguridad.
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