La reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela ha reavivado intensos debates en el ámbito internacional, especialmente en torno a la eficacia y el papel de organismos multilaterales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Este acontecimiento culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, desatando una serie de reacciones diplomáticas en la región.
Expertos como Raúl Guillermo Benítez Manaut, investigador del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la Universidad Nacional Autónoma de México, han señalado que tanto la OEA como la ONU atraviesan un “franco declive”. En un análisis reciente, el académico subraya que este tipo de acontecimientos pone de relieve las limitaciones y la falta de herramientas efectivas que enfrentan estos organismos en crisis globales.
Tras la intervención, países como México, Brasil, Colombia, Chile, Uruguay y España emitieron un comunicado conjunto rechazando la acción militar unilateral en territorio venezolano. Aunque el comunicado no menciona directamente a Washington, hace hincapié en la importancia de respetar el derecho internacional y en la condena del uso de la fuerza como método de resolución de conflictos entre Estados.
Desde la perspectiva de Benítez Manaut, la postura de México refleja una tradición diplomática que, independientemente del gobierno en turno, aboga por la no intervención militar en los asuntos de otras naciones. Sin embargo, el académico critica que el comunicado fue “muy blando”, considerando que el país mantiene vitales intereses estratégicos con Estados Unidos, especialmente con la inminente revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). En este contexto, el gobierno mexicano expresó su desacuerdo con la incursión de Donald Trump, pero limitándose a una condena diplomática.
Mientras tanto, dentro de la Unión Europea, varios estados han cuestionado la legitimidad de Maduro en su tercer mandato, considerándolo resultado de un fraude electoral. No obstante, algunos de estos países también han condenado la operación militar estadounidense, creando un dilema de “doble ilegalidad”. La intervención por parte de Estados Unidos vulnera el derecho internacional, mientras que Maduro ha debilitado la soberanía popular venezolana al mantenerse en el poder mediante procesos cuestionados.
La OEA y la ONU, lejos de ser protagonistas en estos conflictos, han mostrado sus limitaciones. Benítez Manaut precisa que en situaciones de guerra o acción militar, a menudo estas instituciones quedan relegadas, incapaces de influir efectivamente en los eventos. Sin embargo, aún conservan su valor simbólico como espacios donde se pueden debatir problemas globales como la guerra en Ucrania o la crisis en Gaza.
A pesar de sus limitaciones, la ONU ha convocado a una reunión de su Consejo de Seguridad en respuesta a la situación en Venezuela. Sin embargo, el investigador anticipa que las diferencias entre potencias como Rusia, China, Estados Unidos, Francia y Reino Unido probablemente impedirán una resolución efectiva.
En conclusión, la crisis venezolana no solo revela la fragilidad del derecho internacional frente a las grandes potencias, sino que también pone de manifiesto el debilitamiento de las instancias diseñadas para preservarlo. En este contexto, resulta crucial reflexionar sobre el futuro de las instituciones multilaterales y su capacidad para actuar en un escenario global cada vez más complejo.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


