Cuando se habla del acceso al cine, a menudo se menciona el camino tradicional que requiere grandes presupuestos y conexiones dentro de la industria. Sin embargo, la democratización que ha traído la tecnología de los smartphones ha cambiado radicalmente este panorama. Las pequeñas cámaras que llevamos en nuestros bolsillos se han convertido en herramientas poderosas para narrar historias complejas, como la de una madre soltera que ha capturado dos décadas de su vida familiar.
A los 38 años, esta madre se encontró sola y con dificultades económicas tras un inesperado embarazo. Decidió dejar atrás su carrera como directora de televisión y cine, consciente de que no quería que su hijo, Jim, creciera con dos padres ausentes. Esa decisión no solo impactó su vida personal, sino que también la llevó a enfrentar lo que se conoce como la “penalización por maternidad”, un fenómeno bastante común en las industrias creativas, donde se estima que las mujeres enfrentan retos significativos para regresar al trabajo tras tener hijos.
Luchó durante cinco años para financiar su documental “Motherboard”. A pesar de conseguir una primera inversión de £60,000 de un canal de televisión europeo, los fondos se desvanecieron debido a la falta de cofinanciación. Fue entonces cuando una película lanzada en 2014, “Tangerine”, la inspiró profundamente; esta fue filmada íntegramente con un iPhone 5, lo que la llevó a replantearse su enfoque. La realización de “Tangerine” evidenció el potencial del smartphone para la narración cinematográfica, una visión que resonó con la madre cineasta.
Esta experiencia la llevó a adoptar un enfoque de fabricación independiente, animada por el consejo de la directora Ava DuVernay, quien enfatizó la importancia de ser proactivo en la búsqueda de oportunidades. “No hay nadie que venga a buscarte. Tienes que hacerlo tú mismo”, un mantra que guió su camino. La sencillez y la inmediatez del smartphone le permitieron capturar momentos en su vida y la de su hijo sin las limitaciones de los procesos tradicionales de filmación. Desde los días de colegio hasta diagnósticos médicos, cada instante se volvió parte integral de su historia.
Al día de hoy, la cineasta está en el proceso de desarrollar su segundo documental, que explorará las complejidades de la vida en sus 60 años. A pesar de que las estadísticas muestran que los éxitos de taquilla son notablemente menos propensos a presentar mujeres mayores de 60 años, ella sigue firme en su decisión de contar historias auténticas y relevantes con su smartphone.
El contexto en el que se mueve la industria cinematográfica en Reino Unido e Irlanda es tal que solo el 16% de los 718 films estrenados en 2025 fueron dirigidos o codirigidos por mujeres o cineastas no binarios. Este dato resalta las barreras que aún enfrentan muchas voces en el cine, barrieras que la tecnología móvil ayuda a erosionar.
Este mes, se celebrará un festival de cine dedicado a películas realizadas con smartphones en el Finsbury Park Picturehouse, un espacio que busca resaltar el potencial de estos dispositivos en la creación cinematográfica. El evento contará con proyecciones de “Motherboard” y una conversación entre la directora y su hijo, resaltando la intimidad y la conexión que un smartphone puede facilitar entre cineastas y sus historias.
Historias como la de “Left-Handed Girl”, una obra reciente que también apareció en el festival, ejemplifican cómo la flexibilidad que brindan los smartphones permite a los cineastas sortear obstáculos que una producción convencional podría enfrentar. La directora Shih-Ching Tsou, quien utilizó un iPhone para rodar, subrayó que estas herramientas permiten capturar la esencia de experiencias humanas en su forma más pura, brindando un acceso sin precedentes a narrativas que antes podrían haberse perdido en el proceso de producción tradicional.
A medida que la tecnología continúa avanzando y los smartphones ofrecen capacidades cada vez más sofisticadas, la posibilidad de que las voces diversas cuenten sus historias se incrementa. Aunque no se solucionarán de la noche a la mañana las desigualdades dentro de la industria, el smartphone ha abierto un nuevo camino y ha permitido que muchos cineastas, antes invisibles, desafíen los estándares existentes y logren contar las historias que la industria, a menudo, ignora.
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