La reciente salida de Francisco Garduño del Instituto Nacional de Migración (INM) abre un nuevo capítulo en la gestión de la migración en México. Con este cambio, los especialistas sugieren que el INM debe evolucionar más allá de la mera gestión de flujos migratorios. La nueva administración, bajo el liderazgo de Sergio Salomón Céspedes Peregrina, designado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, tiene la oportunidad de implementar un enfoque que no solo abarque la regularización de la movilidad, sino que también promueva la integración y respete la dignidad de las personas migrantes.
Durante su toma de posesión, Céspedes Peregrina enfatizó la necesidad de una política migratoria “ordenada, regular y segura”, priorizando el respeto a los derechos humanos. Sin embargo, expertos como Alma Eunice Rendón, coordinadora de Agenda Migrante, advierten que, a pesar de los avances, aún persisten retos significativos. La creación de protocolos especializados para las estaciones migratorias y una revisión de la Ley de Migración son solo algunas de las acciones necesarias para que el INM se adapte a las realidades actuales.
La urgencia de desarrollar modelos de integración para migrantes establecidos en México, muchos de los cuales viven sin un estatus migratorio legal y enfrentan precariedad laboral, es un tema que no puede ser ignorado. Rendón señala la necesidad de regularizar a estas comunidades y colaborar con el sector privado para fomentar oportunidades laborales, haciendo hincapié en que la inclusión laboral es esencial para quienes llevan tiempo en el país.
Por otro lado, el trágico incendio en la Estación Migratoria de Ciudad Juárez, que dejó 40 muertos y numerosos heridos, ha marcado un hito que debería impulsar una transformación estructural en el INM. Marcos Zavala, abogado de la Fundación para la Justicia, subraya la importancia de respetar la ley y los derechos humanos, así como de cesar el trato criminalizador hacia los migrantes.
En términos de datos, el Proyecto Migrantes Desaparecidos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) reporta que, en 2023, al menos 1,104 migrantes han muerto o desaparecido en el continente americano, con 533 casos en la frontera entre México y Estados Unidos. A nivel nacional, desde 2019 hasta abril de 2024, se han encontrado 366 cuerpos de migrantes en la frontera norte de México. Además, el número de personas retenidas por las autoridades migratorias ha aumentado drásticamente, pasando de 131,445 en 2018 a 1,234,698 en 2024.
Con estos elementos, la nueva administración del INM enfrenta no solo un desafío, sino una oportunidad única para redefinir su papel y enfoque, garantizando que la humanidad y la dignidad de las personas migrantes sean siempre una prioridad.
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