Por Alberto Ramírez Rivera
Escuchar y analizar lo que dice a diario el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, es retroceder en el intelecto. No hay análisis, conocimiento ni profundidad en sus palabras, sólo odio y rencor.
Leo a los grandes pensadores e ideólogos universales que han influido en todos los ámbitos del conocimiento, como Hegel, Marx, Nietzsche y Freud, por mencionar a los más importantes en la historia del hombre ¡Genial! me digo.
Escucho en la llamada mañanera los balbuceos del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ante reporteros y no reporteros (estos últimos “orejas” del gobierno). ¡Ignorancia! me digo.
Es como si gozara de un jazz interpretado por Charlie Parker y de pronto llegara a mis oídos una estruendosa pseudo música. Vaya ejemplo, quizá tan burdo, pero ahí está.
Triste, indignante, vergonzoso. Se retrocede en el intelecto al cien por ciento.
En su libro de ensayos Algunas Formas Subsidiarias de la Penetración Cultural, Mario Benedetti, afirma: “… en ciertos cursos para guionistas de televisión que se dictaban en Porto Alegre, Brasil, los profesores enseñaban a los alumnos una regla de oro: escribir siempre pensando que el televidente tiene once años de edad”.
Este concepto del escritor uruguayo, enmarcado en el aspecto propagandístico, nos da elementos para sostener que el discurso de López Obrador en sus conferencias no entra en esa norma, porque no va dirigido a personas con esa edad mínima, sino a los ignorantes.
Algo vergonzoso, desde temprano, pese a que insulta y ataca a los medios de comunicación que cuestionan lo malo y grave de su gobierno, estos nunca faltan a sus conferencias. Y ahí están para atestiguar y publicar su verborrea.
Si alguna empresa periodística da testimonio de que el gobierno actual viola la Constitución, abusa, roba, explota, margina e impone su criterio por encima de todo, pues el tabasqueño tiene la mañanera para desmentir y decir lo que considera su verdad (por eso acuño el “yo tengo otros datos”), y ya, no pasa nada.
A todo lo anterior, la ignorancia aplaude al tabasqueño. ¡Claro! los mexicanos en su mayoría carecen de reflexión y análisis, no investigan. Desconocen qué se cocina en lo político, económico y social. No saben qué sucede al interior del Congreso, los partidos políticos, los gobiernos y los sindicatos. ¡Ah! pero opinan al respecto en redes sociales.
Decía Joseph Goebbels, principal propagandista de las ideas de Adolfo Hitler “Hay que hacer creer al pueblo que el hambre, la sed, la escasez y las enfermedades son culpa de nuestros opositores y hacer que nuestros simpatizantes se lo repitan en todo momento… Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.
A pesar de todo, seguirán las mañaneras por mucho tiempo, al fin que van al cargo del erario. Un dato, para hacer posible estas conferencias se requiere de equipos de logística, de intérpretes de Lengua de Señas Mexicana, de fotógrafos, de redes sociales.
Por la cantidad y duración de las transmisiones cada mes (por lo menos 20 con duraciones que a veces rebasan las 2 horas), obligadamente se tiene que contratar el plan Business.
¿De cuánto dinero se habla? Echen lápiz. Las llamadas mañaneras iniciaron el 3 de diciembre de 2018 y se realizan de lunes a viernes.
En esta tribuna mañanera López utiliza recursos de los mexicanos, el Palacio Nacional y su propio tiempo para agredir a todos los que difieren de su gobierno, lo que daña la imagen y la dignidad de muchos, sobre todo de periodistas.
Lo más grave es que con esa actitud de odio y resentimiento, López Obrador insta a millones de oyentes a ser complacientes con la mediocridad y hace creer que ser estúpido, vulgar, maleducado e inculto es la moda.
También llama a los mexicanos a ser admiradores de personas sin talento y ser despreciativos con lo intelectual, a ser insolidarios, egoístas y despreocupados.
En suma, pretende crear a una ciudadanía banalizada, inactiva, individualista y complaciente con los intereses de las oligarquías económicas.
Es decir, asume una manipulación al cien por ciento, nunca vista en otros gobiernos, sean del partido político que sea. ¿Y la mayoría del pueblo mexicano? También en la ignorancia, sin cultura, educación y conciencia política.
Concluyo parafraseando a Soren Kierkegaard: “Existen dos maneras de ser engañados. Una es creer lo que no es verdad. La otra es negarse a aceptar lo que sí es verdad”.
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