La situación económica de los hogares mexicanos ha captado la atención del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que actualiza mensualmente las Líneas de Pobreza por Ingresos (LPI) y la Línea de Pobreza Extrema por Ingresos (LPEI). Estos indicadores permiten evaluar si los ingresos de las familias son suficientes para satisfacer sus necesidades básicas. En particular, la LPI combina el valor monetario de las canastas alimentaria y no alimentaria, mientras que la LPEI se centra exclusivamente en la canasta alimentaria.
Desde su implementación en 1992, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) ha seguido de cerca estas métricas. A partir de julio de 2025, el Inegi también comenzó a elaborar estas líneas utilizando criterios metodológicos consistentes. Esto es crucial, ya que estas cifras determinan el porcentaje de la población que vive sin los recursos necesarios para cubrir sus necesidades elementales.
La canasta alimentaria se construye tomando en cuenta el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), un reflejo de la inflación en el país. Esta evaluación se realiza separando las zonas urbanas de las rurales, reconociendo así las diferencias en consumo y forjando un cuadro detallado de lo que se considera esencial para cada región.
Para el mes de enero de 2026, la canasta alimentaria en áreas urbanas tiene un valor de 2,486.40 pesos mensuales, mientras que en las zonas rurales asciende a 1,863.17 pesos. La canasta no alimentaria, que contempla una diversidad de bienes y servicios, suma 2,356.71 pesos en las áreas urbanas y 1,602.59 pesos en las rurales. Juntas, estas canastas elevan la LPI a 4,843.11 pesos mensuales en entornos urbanos y a 3,465.76 pesos en el campo.
De acuerdo con las estadísticas de pobreza multidimensional, en 2024, aproximadamente 46 millones de mexicanos, que equivalen al 35.4% de la población nacional, no contaban con los recursos adecuados para adquirir ambas canastas. Esto se traduce en que uno de cada tres mexicanos vive por debajo de la línea de pobreza. En términos más alarmantes, 12.1 millones de personas no tenían suficiente ingreso para costear siquiera la canasta alimentaria, reflejando que su situación de carencia es extrema.
Estas cifras no solo son números; representan la lucha diaria de millones de mexicanos para acceder a una vida digna. El Inegi y el Coneval continúan sus esfuerzos para ofrecer una imagen precisa de la pobreza y las condiciones de vida en el país, pero es fundamental que la población tome conciencia de estos datos. Comprender la realidad económica es el primer paso hacia un cambio real y efectivo.
La actualización ofrece un leve incremento en las cifras de enero comparado con el año anterior, lo cual subraya una creciente preocupación sobre las posibilidades de escasas mejoras en el bienestar de la población. Con este panorama, la pregunta que permanece es: ¿cómo se puede garantizar que todos los mexicanos tengan acceso a lo más básico, a lo esencial para vivir?
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