Koyoltzintli, una artista de ascendencia ecuatoriana, se encuentra en un constante diálogo entre el pasado y el futuro, arraigada en su legado cultural mientras da vida a su práctica contemporánea. En su estudio, ubicado en el norte del estado de Nueva York, rodeada de instrumentos musicales como flautas, silbatos y tambores, reflexiona sobre su conexión con la costa del Pacífico de Ecuador, una región rica en tradiciones cerámicas que se remontan a milenios.
Originalmente, Koyoltzintli se dedicó a la fotografía como fotoperiodista, enfocándose en el crecimiento de las ciudades amazónicas y la medicina tradicional en los Andes. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 en 2020 cambió su trayectoria. Al no poder regresar a Ecuador para continuar su trabajo, comenzó a explorar museos, donde se sintió atraída por las cerámicas que parecían tener la capacidad de hacer sonidos perdidos en el tiempo. “Fue un despertar en mí”, comentó, refiriéndose al impulso que la llevó a profundizar su relación con el sonido y la cerámica.
Su arte está impulsado por el deseo de revivir melodías que podrían permanecer en silencio en vitrinas de museos. Koyoltzintli no solo crea instrumentos, sino que también organiza talleres y performances para preservar tradiciones culturales. Ha colaborado con artistas como Guadalupe Maravilla y Delcy Morelos, integrando sus piezas con instalaciones que combinan fotografía, video y dibujos que funcionan como partituras gráficas.
Recientemente, su exposición “How to Play a Broken Bone” en la Fundación Al Held, que permanecerá abierta hasta junio de 2026, presenta obras inspiradas en una flauta hecha de hueso, cuya sonoridad nunca había sido explorada por su anterior propietario. Koyoltzintli señala que estas colecciones a menudo carecen de un enfoque sonoro y, por lo tanto, muchos instrumentos quedan en el olvido. Además, la muestra incluye dibujos de ocho pies de altura, así como instalaciones de su nueva serie “An arrow to the sky”, en la que utiliza arcilla líquida sobre lino, considerando la importancia de las ofrendas en la cultura que la crió.
Entre las obras destacadas se encuentra “9 Tz’lkin”, una gran silbato de cerámica que combina formas columnarias y velas que Koyoltzintli enciende. El título se refiere a un día en el calendario maya que simboliza ceremonias de agua y fuego, y cada componente de la obra está diseñado para representar uno de los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire. El silbido de esta pieza se activa al verter líquido en un conducto, evocando “el viento que se siente al estar frente al océano”.
Koyoltzintli continúa integrando su rica herencia cultural en su arte contemporáneo, ofreciendo una visión única sobre cómo la tradición y la innovación pueden coexistir en un mundo en constante cambio.
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