El mundo del jazz despide a uno de sus gigantes: Sonny Rollins, quien falleció el 5 de junio de 2026 a la venerable edad de 96 años. Reconocido como una de las figuras más imponentes del jazz moderno, Rollins dejó una huella indeleble en la evolución musical a través de sus innovadoras improvisaciones y un estilo que fusionaba fuerza y lirismo.
Nacido en 1930 en la isla de Santo Tomás, Rollins mostró un interés temprano por la música, comenzando a tocar el piano a los ocho años. No obstante, su pasión por el saxofón tenor se encendió tras escuchar el icónico álbum Body and Soul de Coleman Hawkins en 1946. Esta revelación lo llevó a adentrarse en el mundo del jazz, cuyo lenguaje interpretativo lo definiría por el resto de su carrera.
A sus 18 años, Rollins realizó su debut en grabaciones con ilustres músicos como Babs González y Max Roach. Su colaboración con Miles Davis en Dig de 1951 lo consolidó como un referente del bop, destacándose en Sonny Rollins with The Modern Jazz Quartet. Este trabajo marcó el inicio de su trayectoria como líder, donde su creatividad floreció con composiciones icónicas como “Airegin” y “Doxy.”
La década de 1950 representó un periodo crucial, con la publicación de Saxophone Colossus en 1956, que se erige como una obra maestra del jazz. Este álbum, en el que incluye piezas memorables como “St. Thomas” y “Blue Seven”, es aclamado por su capacidad de conjugar improvisación libre con una técnica refinada. Su abordaje innovador de la melodía, junto a la inclusión de citas inesperadas y ritmos diversos, le valió el respeto de críticos y colegas por igual.
La vida personal de Rollins estuvo marcada por un constante deseo de mejorar y explorar nuevos sonidos. Entre 1954 y 1955, se retiró para trabajar en Chicago como jornalero, momento de introspección que lo llevó a estudiar el budismo zen en India y Japón entre 1963 y 1965. Estos retiros, lejos de ser una pausa, enriquecieron su música, que abarca desde el hard-bop hasta el jazz modal.
A medida que avanzaba en su carrera, Rollins se enfocó en ensambles más pequeños, buscando una conexión más íntima con su arte. En The Bridge (1962), su sonido se matura aún más, destacando su capacidad para equilibrar la sensibilidad y la complejidad armónica. En este tiempo, colaboró con pioneros del free jazz, explorando nuevas sonoridades.
A lo largo de su vida, Sonny Rollins compartió escenarios con artistas de renombre, incluidos los Rolling Stones, y se presentó en el Museo de Arte Moderno, cumpliendo su sueño de ejecutar un concierto de saxofón en solitario. A pesar de haber alcanzado la nonagenaria, su entrega y pasión por el jazz no disminuyeron. Obras recientes como This is what I do y Sonny, please reflejan su inquebrantable búsqueda de la música auténtica.
Con más de 120 grabaciones en su legado, Sonny Rollins no solo elevó el saxofón tenor, sino que también estableció un puente entre generaciones de músicos, contribuyendo con su estilo único al viaje del jazz. Su fallecimiento marca el fin de una era, pero su influencia perdurará en la memoria colectiva de los amantes del jazz.
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