Recientemente, acudí a un foro sobre sostenibilidad, donde un expositor destacó un dato impactante: más del 70% de las especies del planeta se han extinguido durante su vida. Este comentario no solo capturó mi atención, sino que también subraya la gravedad de la crisis de biodiversidad impulsada por las actividades humanas.
Determinar el número exacto de extinciones en las últimas décadas resulta complicado, pero es innegable que el planeta enfrenta retos sin precedentes. Desde la revolución industrial, el hemisferio norte ha extraído los recursos del hemisferio sur, que alberga gran parte de las riquezas naturales de nuestro mundo. Sin embargo, la conservación de la diversidad biológica y la mejora de la calidad de vida requieren una acción colaborativa y urgente de todas las naciones. Nos encontramos a la mitad del camino de varios compromisos de sostenibilidad surgidos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP).
Durante la COP26 en Glasgow en 2021 y el próximo encuentro en Bakú en 2024, se plantearon metas ambiciosas, como la reducción del 45% de emisiones de carbono y un incremento en el financiamiento climático de 300 mil millones de dólares anuales para los países en desarrollo hacia 2035. Ahora, al acercarnos a la COP30 en Brasil en 2025, es esencial destacar que mientras algunos países progresan con sus compromisos, otros, como Estados Unidos, han tomado medidas en dirección opuesta al retirarse del acuerdo de París y eliminar regulaciones sobre emisiones de metano.
Frente a esta situación, las empresas y los gobiernos deben reflexionar sobre su enfoque hacia la sostenibilidad a largo plazo frente a una posible destrucción a corto plazo. La naturaleza no entiende de fronteras ni perspectivas nacionales; dependemos de un solo planeta. Por ello, las entidades corporativas deben colaborar de manera consciente con sus respectivos gobiernos para avanzar en el cumplimiento de los objetivos de sostenibilidad de inmediato.
El uso de inteligencia artificial representa una doble cara: un desafío debido al alto consumo de energía, pero también una oportunidad para optimizar esfuerzos. En este sentido, se identifican dos desafíos principales:
Financiamiento climático: En la COP26 se exigió un financiamiento de 1.3 trillones de dólares anuales; sin embargo, ahora se requieren de 5 a 7.5 trillones de dólares por año, equivalente a aproximadamente el 7% del PIB global. Estos fondos compiten con el presupuesto destinado a la defensa y el gasto militar, lo que obliga a la humanidad a decidir dónde invertir sus recursos: ¿en salvar al planeta o en destruirlo?
- Justicia climática: Aproximadamente 700 millones de personas carecen de acceso a energía, y la demanda sigue creciendo. En América Latina, la energía solar está ganando terreno, con Brasil y Chile a la cabeza, seguidos por México. No obstante, el aumento de las temperaturas añade un nivel de urgencia. Las oportunidades existen, pero es necesario una alineación entre la industria pública y privada para promover ahorros energéticos y fuentes alternativas, al mismo tiempo que se requiere educar a la población sobre la necesidad de un consumo consciente.
En este contexto, México tiene mucho por avanzar. Las normas de información de sostenibilidad (NIS), que entrarán en vigor en enero de 2025, obligarán a las empresas que siguen las normas de información financiera (NIF) a contar con un equipo de cumplimiento de ASG (Ambiental, Social y Gobernanza) y un plan de comunicación que informe a todas las partes interesadas. Esta legislación no solo representa un reto, sino también una oportunidad para que las empresas mexicanas se establezcan como líderes en sostenibilidad, mejorando su reputación y competitividad en mercados internacionales.
Ante este panorama, la pregunta clave es si las iniciativas ASG están siendo adoptadas por convicción o por conveniencia. Las organizaciones deben trazar estrategias claras, con objetivos vinculados a incentivos y mecanismos de medición.
Para concluir, queda claro que los consumidores valoran profundamente los atributos sostenibles junto con calidad y precio. A medida que avanzamos, la necesidad de un Liderazgo Transformacional se hace más evidente, exigiendo líderes que prioricen el futuro sobre el presente, lo importante sobre lo urgente, manteniendo una visión humanitaria. La oportunidad está aquí, y la acción es crucial.
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