La agencia Standard & Poor’s (S&P) ha tomado una decisión clave que impactará tanto a Petróleos Mexicanos (Pemex) como a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), al cambiar de estable a negativa la perspectiva de calificación crediticia de ambas empresas estatales. Esta medida se produce tras la misma modificación aplicada a la calificación soberana de México, que se mantiene en un nivel de ‘BBB’.
S&P ha señalado que las perspectivas negativas sobre Pemex y CFE reflejan la intervención activa del gobierno mexicano en las decisiones de política energética de estas entidades. El informe destaca que la calificación de Pemex está respaldada por la expectativa de un apoyo gubernamental “casi seguro”, incluso en situaciones de estrés financiero. Este respaldo es fundamental debido a la relevancia de Pemex en los objetivos económicos, sociales y políticos del país.
El secretario de Hacienda y Crédito Público, Edgar Amador Zamora, expresó su confianza en poder convencer a las calificadoras de mejorar sus perspectivas sobre México a través de acciones concretas. Esto se produce en un contexto donde S&P ha reducido la perspectiva de la deuda soberana del país, citando un riesgo de consolidación fiscal lenta, un débil crecimiento económico, un aumento en los niveles de deuda y una carga creciente de intereses.
Desde 2019, Pemex ha recibido un apoyo gubernamental de alrededor de 69.8 millones de dólares, provenientes del gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, continuado por Claudia Sheinbaum. Sin embargo, la agencia resalta que el perfil crediticio independiente de Pemex sigue siendo ‘ccc+’, una calificación que refleja una “estructura de capital insostenible” debido a problemas de liquidez y altos niveles de apalancamiento.
Por otro lado, la calificación sobre la CFE también contempla el respaldo gubernamental ante escenarios de estrés financiero. S&P reconoce que la CFE juega un papel crítico en la política pública mexicana, al ser la única empresa autorizada para transmitir y distribuir electricidad en el país y poseer activos estratégicos de la red eléctrica.
La agencia ha advertido que podría bajar las calificaciones de ambas empresas en los próximos 12 a 24 meses si se toman medidas similares a las aplicadas a la calificación soberana de México. En este contexto, las agencias Fitch y Moody’s ya han retirado el grado de inversión a Pemex, lo que pone de manifiesto la dependencia financiera de la empresa del Gobierno federal.
No obstante, el continuo apoyo financiero a estas entidades estatales puede agravar la rigidez fiscal del país y presionar las finanzas públicas, especialmente en un entorno de tensiones comerciales con Estados Unidos que podrían afectar la economía mexicana. En este panorama complejo, el futuro de Pemex y CFE depende de acciones concretas y estrategias que permitan mejorar su situación financiera y la percepción internacional de su estabilidad.
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