El primer ministro británico, Keir Starmer, ha dado un paso significativo en la política internacional al reunirse con el presidente chino, Xi Jinping, en Pekín, en un encuentro que duró más de una hora. Esta reunión marca un importante deshielo diplomático en los lazos entre el Reino Unido y China, buscando revitalizar la relación comercial entre ambas naciones.
Acompañado por una delegación empresarial que incluye a representantes de más de cincuenta compañías e instituciones británicas, Starmer se convierte en el primer jefe de Gobierno del Reino Unido en visitar China desde 2018. Durante la reunión, enfatizó la importancia de China como un “actor vital en el escenario global” y abogó por una relación “más sofisticada” y pragmática, resaltando que un entendimiento bilateral firme beneficiaría a ambas economías. Starmer subrayó la necesidad de “un diálogo significativo en áreas donde existen desacuerdos”.
Xi Jinping, por su parte, recordó que la relación entre China y el Reino Unido ha pasado por “altibajos” que no han favorecido a ninguno de los dos países. En un “mundo turbulento”, destacó la necesidad imperativa de fortalecer el diálogo para asegurar la estabilidad global y la salud económica de ambas naciones.
Analistas de ambos países han interpretado esta visita como un intento por parte de Londres de reconectar en un contexto global cada vez más fragmentado. Desde su llegada al poder en julio de 2024, Starmer ha estado rehaciendo una relación que se había deteriorado recientemente bajo el gobierno conservador anterior. El desafío para el Partido Laborista será equilibrar las relaciones con un Estados Unidos cada vez más presionante bajo el liderazgo de Donald Trump, y una China vista tradicionalmente como una amenaza.
Desde la perspectiva económica, China se mantiene como la segunda mayor economía a nivel mundial y el tercer socio comercial del Reino Unido. El viaje de Starmer se presenta apenas una semana después de que se aprobara la construcción de una nueva megaembajada china en Londres, una iniciativa que había sido detenida anteriormente por consideraciones de seguridad relacionadas con su proximidad a infraestructuras críticas.
A nivel internacional, la postura de Starmer ha generado atención. Durante su visita, expresó que el Reino Unido no tendría que elegir entre China y Estados Unidos, un mensaje que las autoridades chinas recibieron como parte de un enfoque diplomático británico más razonable en tiempos de cambios globales.
Otros aliados tradicionales de Estados Unidos también están buscando mejorar sus relaciones con China. Recientes visitas de líderes como el primer ministro canadiense, Mark Carney, y el surcoreano Lee Jae-myung, han resaltado un giro hacia un compromiso más cercano con Pekín, indicador de que algunos países están reconsiderando su dependencia de Washington.
A pesar de los antecedentes de tensiones, que incluyen disputas comerciales y preocupaciones sobre derechos humanos, la visita de Starmer puede simbolizar un intento de reconciliar diferencias y explorar áreas de cooperación, particularmente en el ámbito comercial.
Mientras el Reino Unido busca salir de la sombra de su pasado colonial y los agravios asociados, también se enfrenta a la necesidad de forjar un camino pragmático que fomente relaciones de beneficios mutuos en un mundo caracterizado por la competencia global. Las palabras de Xi, quien aboga por “defender el respeto mutuo”, añaden una nota optimista a este renacer de vínculos diplomáticos.
Así, el rumbo del Reino Unido bajo el liderazgo de Starmer parece dirigirse hacia la búsqueda de un equilibrio más efectivo en el mundo actual, lo que podría allanar el camino para una nueva era de colaboración entre Londres y Pekín.
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