El primer ministro británico, Keir Starmer, se enfrentó a sus críticos en la cumbre del G7 celebrada en Évian, desafiando así las crecientes demandas de su renuncia. Prometió luchar contra cualquier intento formal de cuestionar su liderazgo en un momento crítico para el Partido Laborista. Este evento tuvo lugar pocas horas antes de la elección parcial de Makerfield, en el noroeste de Inglaterra, donde el alcalde del Gran Mánchester, Andy Burnham, busca recuperar un escaño parlamentario que podría posicionarlo como principal candidato para suceder a Starmer al frente del partido.
Durante su intervención, Starmer dejó claro que, si surge un desafío, se encuentra preparado para enfrentarlo: “No creo que deba haber un desafío, porque creo que eso sería malo para el país”, comentó en una entrevista con la BBC. Sin embargo, la crisis que atraviesa su gobierno es una de las más severas desde que asumió el cargo en julio de 2024. En menos de un mes, seis miembros de su gabinete han dimitido, destacándose las renuncias del ex secretario de Sanidad, Wes Streeting, y del ex ministro de Defensa, John Healey, quienes han expresado públicamente sus críticas hacia el liderazgo de Starmer.
Streeting, que fue el primero en anunciar su intención de desafiar a Starmer, expresó en un programa de la BBC que cuenta con el respaldo de los 81 diputados laboristas necesarios para activar un proceso interno de liderazgo. Este umbral, que representa aproximadamente el 20% del grupo parlamentario laborista, es clave para presentar un candidato alternativo a la dirección del partido. “Preferiría que el primer ministro tomara una decisión por sus propios medios antes que dejar que yo, o Andy, o cualquier otro tuviéramos que activar una contienda”, subrayó Streeting, haciendo eco de la creciente presión entre los miembros de su partido.
La elección parcial de Makerfield, programada para el 18 de junio de 2026, es el epicentro de la crisis actual. El escaño quedó vacante tras la renuncia deliberada del diputado laborista Josh Simons para allanar el camino a Burnham, quien debe ser miembro del Parlamento para disputar el liderazgo. Las encuestas apuntan a un fuerte apoyo para Burnham, con un 49% de intención de voto frente al 37% de su competidor de Reform UK, lo que sugiere que la contienda será reñida, pero que Burnham es claramente el favorito.
La debilidad del Partido Laborista está arraigada en factores que van más allá de la crisis personal de Starmer. Desde las elecciones locales del 7 de mayo, en las que el partido enfrentó sus peores resultados recientes, más de 95 diputados laboristas han manifestado públicamente su deseo de que Starmer deje el cargo o que establezca un calendario para su salida. Entre las dimisiones recientes se encuentran las de la ex viceprimera ministra Angela Rayner y el embajador en Washington, Lord Mandelson, cuyas controversias han complicado aún más la situación del partido.
La paradoja de la elección parcial de Makerfield radica en que, aunque fue convocada para resolver la cuestión de la inhabilidad de Burnham, también se ha convertido en un test crucial del liderazgo de Starmer. Si Burnham triunfa, Starmer se encontrará en una posición precaria, con escaso tiempo para reafirmar su capacidad de liderazgo antes de que se desate una contienda interna, la primera desde la salida de Jeremy Corbyn en 2020.
La situación en el Partido Laborista es, sin duda, un punto de inflexión; el próximo desarrollo podría determinar no solo el destino de Starmer, sino también el futuro político del partido en su conjunto.
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