El panorama comercial entre México y Estados Unidos ha experimentado un giro significativo, alcanzando un superávit comercial de 96,213 millones de dólares en el primer semestre de 2025. Esta cifra representa un incremento del 16% en comparación con el mismo periodo del año anterior, con importaciones que alcanzaron los 168,170 millones de dólares frente a unas impresionantes exportaciones de 264,383 millones de dólares. Sin embargo, este “happy problem” en la balanza comercial podría volverse una fuente de tensión política.
Con Donald Trump en su segundo mandato, se ha observado una radicalización en su enfoque hacia la política comercial. Trump, quien siempre ha manifestado su desdén por los déficits comerciales, considera que representan un riesgo para la seguridad nacional y cuestiona la lealtad de sus socios comerciales, afirmando que, en palabras propias, “abusan de nosotros y no nos ofrecen un trato recíproco”. Como respuesta, ha implementado aranceles elevados que no solo afectan a naciones consideradas adversarias, sino también a aliados cercanos, estableciendo los niveles más altos de tarifas en Estados Unidos desde la Gran Depresión.
En este clima complejo, México ha logrado navegar, en comparación con otros países, relativamente bien, gracias a que 85% de los bienes comerciados entre ambos países están exentos de aranceles gracias al T-MEC. No obstante, existen impuestos sobre productos específicos como el acero, el aluminio, y ciertos productos agrícolas. Con un arancel promedio del 6.8% para las exportaciones mexicanas, el futuro de este equilibrio es incierto.
La situación podría favorecer a México en un contexto donde China, como principal competidor comercial, ve cómo sus importaciones a Estados Unidos se ven dramáticamente afectadas por aranceles que oscilan entre 30% y 55%. Este cambio ha llevado a una reducción del superávit comercial de China, que pasó de 295,000 millones de dólares en 2024 a cifras mucho más contenidas en el primer semestre de 2025, consolidando a México como un potencial socio comercial principal para Estados Unidos.
Sin embargo, las proyecciones futuras son complicadas. La relación de interdependencia entre Estados Unidos y China plantea incertidumbres que inevitablemente impactan a México. Las negociaciones que sostenga la USTR (Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos) con China serán cruciales, aunque un acuerdo amplio entre estas dos potencias es poco probable dado los intereses divergentes.
Para el gobierno mexicano, el próximo periodo de 90 días es crucial, con el subsecretario de Economía, Luis Rosendo Gutiérrez Romano, indicando que uno de los principales objetivos es moderar el superávit comercial. Una de las estrategias a considerar incluye aumentar las importaciones desde Estados Unidos, reemplazando insumos industriales que actualmente se adquieren de naciones sin tratados de libre comercio.
Además, Trump ha promovido zakupas militares a Estados Unidos como parte de su agenda, lo que complica aún más la situación. Es indispensable que México aborde esta problemática antes de que las condiciones se deterioren.
Aunque actualmente el comercio con Estados Unidos es la única área de crecimiento económico vimos, es imperativo que se tomen decisiones estratégicas para evitar un conflicto con la administración estadounidense y así gestionar el superávit antes de que se convierta en un “happy problem” efectivo. La economía mexicana podría verse en la necesidad de diversificar no solo sus mercados, sino también sus políticas comerciales, para garantizar un crecimiento sostenible en un entorno global cada vez más tumultuoso.
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