En junio de 2026, el arresto de cuatro mexicanos en la República Checa reveló no solo la continua operación del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en el ámbito internacional, sino también el sofisticado entramado de su red criminal. El Departamento de Justicia de Estados Unidos (DJ) señaló que estos individuos estaban involucrados en negociaciones para la compra de armamento pesado, incluyendo ametralladoras, lanzagranadas y morteros, cuyo destino final era México, donde serían utilizados en enfrentamientos con rivales y cuerpos de seguridad.
De los arrestados, dos servían a altos mandos del CJNG, uno supervisaba un laboratorio de fentanilo en México, mientras que el cuarto era un conocido traficante de drogas y armas. Las conversaciones para la adquisición de este armamento comenzaron en febrero, coincidiendo con la muerte de Nemesio Oseguera, conocido como el Mencho, lo que pone de manifiesto la aparente solidez estructural del cártel, que sigue operando a pesar de la desaparición de su líder.
Un aspecto alarmante de estas transacciones es el método de pago: fentanilo y metanfetamina serían enviados a Estados Unidos a cambio de armamento adquirido en Europa. Este ciclo, en el que las drogas producidas en México se venden en Estados Unidos para financiar la compra de armas en Europa, ilustra la compleja red criminal que trasciende fronteras.
Las conexiones entre las organizaciones criminales de México y Europa han sido documentadas previamente por Europol y la DEA. Recientemente, las autoridades arrestaron a un hombre buscado por las autoridades neerlandesas, quien supuestamente coordinaba la producción de drogas en los Países Bajos para el CJNG. Se le atribuye la posesión de 2.5 toneladas de metanfetamina y el envío de unos 20 millones de euros hacia México y Colombia.
El crimen organizado ha evolucionado para convertirse en una red de servicios, donde diferentes grupos especializados manejan diversas etapas del tráfico: desde el control de los puertos y el transporte, hasta la producción, distribución y lavado de dinero. Se estima que el crimen organizado genera aproximadamente 139,000 millones de euros anuales en la Unión Europea, pero solo se incauta alrededor del 2% de los bienes derivados de actividades delictivas.
En este lavado de dinero se involucran profesionales como abogados, contadores y empresarios, quienes tienen los conocimientos necesarios para ocultar el origen y beneficiarios de los fondos. Para el CJNG, no es necesario establecer un dominio territorial en ciudades como Rotterdam o Amberes; en su lugar, busca asociaciones estratégicas que les permitan implementar sus operaciones sin necesidad de presenciar la acción directa.
La reciente situación en Chequia plantea interrogantes cruciales: ¿quién autorizó la adquisición de armamento? ¿Para qué se necesitaban lanzagranadas y morteros? ¿Cómo planeaban transportarlos a México? Estas cuestiones subrayan la complejidad del crimen transnacional, donde el CJNG ya no representa solo un cártel mexicano, sino una entidad activa en una economía criminal global.
El escenario criminal es alarmante y desafiante para los sistemas de seguridad internacionales. A medida que las fronteras se convierten en meros obstáculos logísticos, la lucha contra el crimen organizado debe ser más estratégica y colaborativa, trascendiendo lenguajes y territorios, para enfrentar una red que opera con una eficacia perturbadora.
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