La incertidumbre sobre el futuro del T-MEC, o tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, plantea desafíos significativos para la economía mexicana. Según el economista jefe para México en Citi, Julio Ruiz, sin claridad en las negociaciones como la revisión de este acuerdo, es poco probable que se produzca un repunte en inversiones o una reactivación del fenómeno del nearshoring.
El ambiente de inseguridad, especialmente por la implementación de aranceles, ha mantenido en espera el potencial para la relocalización de cadenas productivas en México, lo que ha impactado las decisiones de inversión cruciales para activar el nearshoring, que se refiere a la estrategia de trasladar la producción más cerca de los mercados estadounidenses.
En una entrevista reciente, Ruiz indicó que Citi proyecta un crecimiento del 1.2% en la economía mexicana para 2026, una cifra que considera la posible reactivación de inversiones hacia finales de ese año, si se logran avances claros en la negociación del T-MEC. Este escenario subraya la importancia de la certidumbre en las oportunidades de inversión.
A pesar de los desafíos, el economista destacó que México ha incrementado su participación en las importaciones de Estados Unidos, pasando del 14.6% en 2024 al 15.3% a finales de 2025. Este crecimiento se ha producido en un contexto donde otros socios, como China y Canadá, han perdido terreno.
El tratado T-MEC ha proporcionado a México un trato preferencial que le permite mantener sus exportaciones a Estados Unidos mayoritariamente libres de aranceles, constituyendo un claro beneficio económico. En 2024, cerca de la mitad de las exportaciones estaban respaldadas por el acuerdo, proporción que se ha elevado a más del 85% para ciertos productos, como computadoras y equipo de cómputo. Este uso del tratado está influyendo positivamente en la actividad económica del país.
Un sector que podría beneficiarse significativamente de una extensión del T-MEC, por otros 16 años, es la manufactura, que se anticipa respondería rápidamente a la mayor certidumbre que proporcionaría el acuerdo. Esto podría traducirse en un aumento de la inversión, repercutiendo favorablemente en la demanda interna y, a su vez, en el consumo privado.
Sin embargo, el panorama no es del todo optimista. Si la revisión del T-MEC se extiende más allá de 2026, la incertidumbre podría mantenerse, afectando negativamente las decisiones de inversión y limitando el crecimiento a cifras inferiores al 2%, por debajo de las expectativas actuales.
A medida que el tiempo avanza, las decisiones que se tomen en el marco de las negociaciones del tratado serán críticas para determinar el futuro económico de México y su capacidad para aprovechar las oportunidades en el contexto internacional. La claridad en estos asuntos se torna esencial para desencadenar un ciclo positivo de inversión y crecimiento.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


