Terminada la contrarreloj los sabios contrastan sus previsiones con los resultados y se dan una palmada en la espalda unos a otros, justo lo que habíamos calculado, se dicen, sonríen y siguen con la mirada fija en la pantalla de sus ordenadores.
A 51 por hora, en 32 minutos, lo hemos clavado, dicen los técnicos de Tadej Pogacar, que abrasa el Tour y a los cinco días ya tiene a más de un minuto a los principales rivales por la victoria final y estos dan gracias al señor que traza el Tour por haber limitado las contrarrelojes a distancias moderadas, 27 kilómetros el quinto día, 30 kilómetros el penúltimo, porque, dicen los viejos con memoria, si fueran como en los tiempos de Indurain, de hasta 65 kilómetros, adiós ya, bienvenido al Tour, que es tu reino, Pogacar.
Aun no siendo los tiempos de Indurain, tampoco la esperanza tiene mucho que decir, ni la ilusión tan atractiva de que el Tour sería al menos un diálogo de eslovenos. Mudo Primoz Roglic por la heridas, el Tour de Francia de 2021 será el monólogo de un chaval, el prodigio esloveno de Komenda, que, probablemente, alcanzará la hazaña única de ganarlo dos veces con la misma edad, 22 añitos, en un plazo de 10 meses, gentileza del retraso a que la pandemia de covid obligó a la edición de 2020.
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Olvidada la sangre, y la detención por la policía de la nietecita del Opi-Omi que originó la primera gran caída no ocupa ya sino una nota a pie de página, el Tour está en su terreno, el de la tecnología y el bigdata, y se crecen los sabios que han aprendido tan bien a traducir vatios en kilómetros por hora, como Patxi Vila, que se felicita porque funcionó perfectamente la App diseñada por Telefónica Tech y pudo aplicarle a Enric Mas, el mejor español, que partió después, las referencias de Superman, los objetivos que debía alcanzar con cada pedalada, y que todo había ido muy bien. “Estamos en el buen camino”, dice el técnico del Movistar. Y los corredores les siguen la corriente.


