El 3 de agosto de 2026, el presidente de Taiwán, Lai Ching-te, hizo un vehemente llamado a la comunidad internacional para unirse en la defensa de la democracia, durante el décimo aniversario del Foro Ketagalan en Taipéi. En su discurso, dirigido a líderes y ex funcionarios de diversas naciones, Lai expresó su preocupación por la reciente promulgación de la Ley de Promoción de la Unidad y el Progreso Étnico en China, un acto que, según él, no solo atenta contra la soberanía de Taiwán, sino que también busca extender su influencia represiva a nivel mundial.
La reunión, que contó con la presencia de figuras destacadas como el primer ministro del Reino de Esuatini, Russell Dlamini, y la ex primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, subrayó la importancia de la cooperación internacional en tiempos de creciente autoritarismo. Lai utilizó este foro para condenar la nueva legislación china, que considera una clara violación de los derechos fundamentales, y demandó una respuesta unificada de los países democráticos ante esta amenaza.
“Esta ley infringe la soberanía de Taiwán y persigue a las religiones y grupos minoritarios, pero va más allá de eso. A través de formas de represión transnacional, impone censura política en todas partes del mundo”, enfatizó el presidente.
Lai presentó tres compromisos fundamentales que guiarán la política de su administración. Primero, manifestó su firme determinación de defender la democracia y la libertad, recordando cómo, tres décadas atrás, los ciudadanos taiwaneses lograron establecer la primera elección presidencial directa a pesar de las presiones desde China. En sus palabras, “Los votantes anunciaron al mundo que Taiwán es un país democrático y que el futuro del país será decidido por el pueblo taiwanés”.
El segundo compromiso se enfocó en mantener la paz y la estabilidad en la región. Lai citó declaraciones recientes del Grupo de los Siete (G7) y del Parlamento Europeo, que reiteran su apoyo a la paz en el Estrecho de Taiwán, destacando la necesidad de una respuesta colectiva ante cualquier intento unilateral de alterar el statu quo.
Por último, Lai se comprometió a fomentar el desarrollo tecnológico y la prosperidad global. Subrayó las áreas prioritarias para Taiwán, como la fotónica de silicio, la computación cuántica y la robótica, afirmando que “Taiwán continuará liderando el desarrollo tecnológico a nivel mundial”.
Además, hizo hincapié en la importancia de aprovechar la experiencia de Taiwán en inteligencia artificial y semiconductores para fortalecer los lazos industriales y comerciales con aliados democráticos, con el objetivo de construir redes de suministro sostenibles.
En momentos en que el panorama internacional se torna más crítico, el mensaje de Lai se alza como un firme recordatorio de la necesidad de solidaridad frente a las crecientes presiones autoritarias. La comunidad internacional, reflejando un consenso en favor de los valores democráticos, deberá considerar seriamente las palabras de Lai y actuar de manera coordinada para salvaguardar no solo la libertad de Taiwán, sino también la estabilidad global en esta compleja era de desafíos geopolíticos.
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