En un rincón del Fowler Museum de Los Ángeles, dos instrumentos musicales de la cultura Asante presentan un dilema ético sin precedentes. Estas obras, un tambor y una trompeta de marfil, fueron saqueadas por tropas británicas durante la invasión de Kumasi, capital del reino Asante, a finales del siglo XIX. Hoy, aunque el museo se aventura en el camino hacia su restitución a Ghana, la complicación surge de un detalle inquietante: ambos instrumentos están acompañados de cráneo humano.
La historia de estos objetos comienza en 1896, cuando los soldados británicos, tras capturar la ciudad, transformaron estos instrumentos en auténticos trofeos de guerra. El Fowler Museum ahora tiene la intención de devolverlos al actual rey Asante, pero la delicadeza de la situación radica en la naturaleza de los restos humanos que los acompañan. Los cráneos parecen ser de enemigos decapitados, lo que añade una capa de conflicto a un proceso que debería ser únicamente de reconciliación y restitución cultural.
En 2024, la institución volvió a Ghana siete otros objetos, esta vez sin restos humanos, que ahora se exhiben en el Museo del Palacio Manhyia en Kumasi. Sin embargo, la ausencia de informes sobre la restitución de los instrumentos que aún permanecen en la oscuridad del almacén del museo ha perturbado a muchos. Lo revelador de este caso es el nuevo libro del periodista Barnaby Phillips, que destapa la situación actual de estos instrumentos, los cuales nunca han sido expuestos al público.
Un examen reciente revela que la trompeta está adornada con un cráneo al que se le ha aplicado una sustancia colorada y que, según se indica en una subasta de 1919, se destinaba a ceremonias de sacrificio humano. Se presume que pertenecía a un hombre que probablemente murió en combate. Sorprendentemente, el cráneo adjunto al tambor resulta ser el de una mujer, lo que plantea más preguntas: ¿era una persona honorable de la corte Asante o simplemente un añadido macabro para atraer a un comprador europeo?
El dilema se complica aún más al cuestionar el verdadero origen de estos instrumentos. ¿Fueron realmente producidos por artesanos Asante o se adquirieron en una región vecina? Este asunto es cada vez más urgente, considerando que las discusiones sobre la restitución llevan en curso siete años sin una solución a la vista.
La comunidad cultural de Ghana está en plena conversación sobre cómo manejar estos restos. Aunque algunos creen que exhibir estos objetos en el Museo Nacional de Accra podría ser irrespetuoso, otros argumentan que el entendimiento cultural en Ghana permite tales exhibiciones. La resolución, aseguran, no puede ser precipitada y debe incluir consensos amplios entre diversos grupos de interés.
Mientras tanto, la situación plantea una inquietante pregunta sobre la responsabilidad de los museos en la restitución de piezas que han sido adquiridas bajo circunstancias violentas. Aunque todos los actores involucrados parecen actuar de buena fe, la ruta hacia la restitución de estos instrumentos musicales es un delicado balance entre la historia, la ética y el respeto hacia las comunidades afectadas.
Los próximos pasos, sin duda, requerirán un diálogo constante y una cooperación efectiva; de lo contrario, el retorno de estos objetos podría resumirse en un simple traspaso de un almacén en Los Ángeles a otro en Accra, sin una verdadera rehabilitación cultural.
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