Allan, un destacado esquiador mexicano de 35 años, ha llegado a los Juegos de Invierno de Milano Cortina con una visión clara: no puede dedicar su vida exclusivamente al atletismo de alto rendimiento. Con múltiples responsabilidades como emprendedor, entrenador, y padre, ha aprendido a optimizar su tiempo, un equilibrio vital en su postura hacia el deporte.
Desde joven, Allan ha estado involucrado en el mundo del deporte, iniciando su carrera con el triatlón antes de pasarse al esquí. Después de una infancia repleta de actividades deportivas, incluyendo el judo, el fútbol americano, y el tenis, su enfoque se ha ido transformando cuidadosamente. En 2020, decidió mudarse a Noruega, país de origen de su esposa, desde donde continúa trabajando en su proyecto de captación de talentos para fortalecer el esquí en México.
A partir de sus experiencias, Allan ha desarrollado un método de optimización que se extiende más allá del deporte, integrando su gestión empresarial. No se limita a entrenar, comer y descansar; ha asistido a campamentos profesionales y reconoce que el entrenamiento exclusivo puede resultar monótono. “No quiero ser un buen atleta, pero un mal padre”, enfatiza en su búsqueda de un balance entre disciplinas y responsabilidades.
Mientras se prepara para competir, Allan se enfrenta a un reto significativo. A diferencia de sus jóvenes rivales, cuya edad promedio en el esquí de fondo es de 25 años, él debe adaptar su régimen de entrenamiento. La clave de su estrategia radica en el análisis de datos sobre su salud y rendimiento, utilizando tecnologías como relojes Garmin y bandas de frecuencia cardíaca. Este enfoque diario le permite hacer ajustes en su entrenamiento según su condición actual, en lugar de seguir un calendario rígido.
En diálogo sobre su futuro en el deporte, Allan expresa su deseo de contribuir al desarrollo del equipo mexicano. “Quiero que tengamos atletas mejores que yo en los próximos años”, afirma. Para él, el éxito en el esquí no debería depender únicamente de un atleta destacado, sino de un esfuerzo colectivo que incluya a múltiples actores: instituciones, empresas y academias.
En un mundo donde el alto rendimiento puede cobrar un alto precio personal, la historia de Allan Corona se convierte en un ejemplo del equilibrio entre el trabajo y la pasión, resaltando la importancia de la colaboración y la modernización en el deporte. Su visión no solo busca alcanzar metas personales, sino construir un camino para las futuras generaciones de atletas en México.
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