El escenario del primer enfrentamiento de la sesión vespertina de los cuartos de final del NewGiza P2 se presentaba como uno de los más reñidos y esperados. En la pista, las parejas Stupa-Yanguas y Garrido-Bergamini, que ya habían disputado la final en 2024, se midieron en un duelo cargado de tensión y emoción.
Tras un iniciático división de sets, el partido se encaminaba hacia un tercer y decisivo set, donde las emociones alcanzaron un punto álgido. Con un marcador de 4-1 en el cambio de lado, Mike Yanguas y Franco Bergamini lograron un quiebre clave en una acción polémica. Un saque cuestionado no fue señalado por el árbitro como falta, lo que desató el debate entre los jugadores. La jugada continuó, y tras un intercambio, Bergamini terminó enviando la pelota contra el cristal.
La molestia de Bergamini era palpable. En medio del ambiente tenso, el brasileño instó a Yanguas a que él mismo hubiera avisado sobre la falta, mientras que Yanguas defendía la responsabilidad del árbitro en la decisión. Las palabras se tornaron duras: “Tú lo sabes, y te queda en la conciencia, la mía la tengo limpia”, sostuvo Yanguas. La tensión creció cuando las respuestas se volvieron más directas: “¿Por qué tiras la víbora fuera y no lo paras? Vete a tomar por culo. Que sea la última vez que me hablas así”, respondió Yanguas, marcando un punto álgido en la controversia.
A pesar de la intensa atmósfera, la pareja dirigida por Carlos Pozzoni logró prevalecer, elevando su nivel de juego en los momentos cruciales para cerrar la remontada con un marcador final de 3-6, 6-3 y 6-1. Al finalizar el encuentro, Yanguas se tomó un momento para abordar el incidente, dejando claro que la decisión del árbitro era fundamental y que en acciones de tal naturaleza, no pueden permitirse detractores. “Hablaré con Berga y se solucionarán las cosas”, concluyó, reflejando un deseo de reconciliación en un mundo donde la competencia puede empañar la camaradería entre los jugadores.
Esta intensa batalla en la cancha no solo puso de manifiesto la habilidad técnica de los jugadores, sino que también arrojó luz sobre la fragilidad emocional que acompaña a los deportes de competencia de alto nivel. El evento se convierte así en un recordatorio de que, aunque las rivalidades sean feroces, el respeto mutuo y la profesionalidad deben prevalecer.
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