El sur de Filipinas ha sido golpeado por un devastador terremoto de magnitud 7,8 que ocurrió el lunes 8 de junio de 2026, dejando al menos 35 muertos y más de 200 heridos. La cifra de víctimas sigue aumentando a medida que los equipos de rescate logran acceder a áreas que permanecían aisladas, complicadas por cortes de electricidad y la destrucción de infraestructuras de comunicación.
Información inicial indica que la mayoría de las víctimas se registraron en el municipio de Glan, donde un corrimiento de tierra arrastró viviendas, y en las provincias de Cotabato del Sur y Davao Occidental. Las autoridades han informado que 14 personas fallecieron en Glan, mientras que otros decesos se atribuyen a derrumbes y a la caída de escombros en edificios colapsados.
Los esfuerzos de rescate se han centrado en Ciudad General Santos, un importante núcleo urbano de 720.000 habitantes. En este lugar, los equipos han estado excavando entre los escombros de un supermercado donde dos empleadas quedaron atrapadas. La situación es angustiante; un guardia de seguridad que esperaba junto a los rescatistas expresó su deseo de permanecer en el lugar hasta encontrar el cuerpo de su hermana, con la esperanza de que aún estuviera viva.
Durante la tarde, el trabajo de rescate se ha visto complicados por la incertidumbre sobre las réplicas. El Servicio Geológico de Estados Unidos reportó una réplica de magnitud 6,5 aproximadamente dos horas después del sismo inicial, y el Instituto Filipino de Vulcanología y Sismología contabilizó un total de hasta 138 réplicas. Muchos ciudadanos optaron por pasar la noche en la calle, temerosos de más movimientos telúricos.
Por otro lado, la preocupación por un posible tsunami se disipó a medida que avanzaba el día. Inicialmente, cinco países, incluidos Filipinas e Indonesia, estaban en alerta, pero el Centro de Alertas de Tsunamis del Pacífico levantó las advertencias después de que se registraran olas de 1,4 metros en Kiamba y 83 centímetros frente a Célebes, cifras significativamente menores a las que se habían previsto.
En respuesta a la magnitud de la tragedia, el presidente Ferdinand Marcos Jr. ha ordenado la suspensión de clases en las áreas afectadas y ha movilizado a las agencias de gestión de desastres. La comunidad internacional ha ofrecido su apoyo, con Estados Unidos, Francia, Japón y Nueva Zelanda expresando su disposición para colaborar en las labores de respuesta.
Este es el sismo más grave registrado en Filipinas en lo que va de 2026 y el más destructivo desde el terremoto de 6,9 que afectó la isla de Cebú en septiembre de 2025, que dejó a su paso casi 80 muertos. Filipinas, ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico y propenso a múltiples desastres naturales, debe enfrentar una vez más el desafío de reconstrucción y recuperación tras esta calamidad.
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