La tragedia en Venezuela tras los devastadores terremotos que ocurrieron el 26 de junio de 2026 continúa impactando al mundo. El balance provisional de víctimas asciende a casi 1,000 muertos, entre ellos varios ciudadanos extranjeros, y la cifra de personas desaparecidas supera los 50,000, según Tom Fletcher, jefe de ayuda humanitaria de la ONU. La situación ha suscitado preocupación internacional y ha revelado la magnitud de la catástrofe.
En cuanto a las víctimas de diferentes nacionalidades, los informes han sido claros y conmovedores. Portugal lamenta la pérdida de 28 de sus ciudadanos o descendientes, con 85 personas aún no localizadas. La comunidad portuguesa en Venezuela, que enfrenta este dolor, ha recibido el apoyo de su gobierno, que está trabajando para contactar a los afectados.
Por su parte, China ha confirmado la muerte de siete ciudadanos en el desastre. La embajada china en Venezuela hizo un llamado a sus compatriotas a estar alertas frente a posibles réplicas y a otros peligros que podrían surgir en las próximas horas o días.
España no ha quedado exenta de esta tragedia. Al menos cinco españoles han sido confirmados como fallecidos, mientras que 119 más se encuentran desaparecidos. La cancillería española ha actualizado las cifras, señalando que la comunidad en Venezuela es significativa, con 147,000 españoles residiendo allí, muchos de los cuales podrían estar en riesgo.
Brasil también ha sufrido pérdidas. Dos ciudadanos brasileños —un hombre y una mujer— han sido confirmados muertos. La cancillería brasileña ha anunciado asistencia consular para sus familias, reflejando la seriedad con que se toman estas tragedias.
Adicionalmente, Chile reportó el fallecimiento de un ciudadano chileno en los sismos. Su gobierno se ha mantenido en contacto con los familiares de la víctima, ofreciendo soporte emocional y asistencia necesaria en estos momentos críticos.
Finalmente, Italia ha confirmado que un italo-venezolano, nacido en Caracas en 1970, perdió la vida debido al colapso de un edificio en La Guaira. Este caso resalta los lazos estrechos y la diáspora de personas que, aunque separadas por la nacionalidad, comparten el dolor de esta tragedia.
La magnitud de estos eventos ha hecho que la atención esté centrada no solo en las víctimas, sino también en la necesidad de una respuesta adecuada de las autoridades y gobiernos internacionales frente a las calamidades naturales. A medida que la situación evoluciona, el apoyo humanitario se vuelve fundamental para afrontar los desafíos que enfrentan las familias afectadas. La comunidad internacional observa con ansiedad y solidaridad mientras se desarrolla esta crisis, con la esperanza de que la ayuda llegue pronto a quienes más lo necesitan.
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