El sarampión, una enfermedad viral de alta contagiosidad, ha tenido un impacto profundo y devastador a lo largo de los años, como lo ilustra la desgarradora experiencia del famoso escritor británico Roald Dahl, quien perdió a su hija Olivia por esta enfermedad en 1988. Este suceso pone de manifiesto la gravedad del sarampión, a menudo considerado una dolencia leve, pero que puede causar complicaciones graves como neumonía, ceguera y encefalitis.
Desde su llegada al continente americano con los colonizadores españoles en el siglo XVI, el sarampión ha mermado la población, especialmente durante brotes significativos en México. A partir de 1922 y hasta 1974, se estima que la enfermedad cobró 468,638 vidas. Sin embargo, el panorama cambió drásticamente con la introducción de la vacuna en 1963, un hito en la lucha contra esta infección. Al aislar el virus en un brote ocurrido en Massachusetts, los científicos John F. Enders y Thomas C. Peebles facilitaron el desarrollo de la primera vacuna efectiva. Esta intervención ha reducido las muertes anuales a nivel global de cerca de 2 millones previos a la vacunación a aproximadamente 89,780 en 2016.
En México, la vacunación se realiza con la vacuna SRP, que incluye también las de rubéola y parotiditis, administrándose en dos dosis: la primera a los 12 meses y la segunda a los 6 años. Este esfuerzo ha llevado a que México fuera declarado libre de sarampión, un estatus que se encuentra en peligro debido al reciente aumento de casos. A inicios de 2026, se reportaron 5,437 contagios y 5 muertes en el país, lo que genera inquietudes en torno a la eficacia de la inmunización.
Este repunte en los casos se puede atribuir a una disminución notable en la cobertura de vacunación, que cayó de un 86% en 2022 a un preocupante 71% en 2025. Esta baja se ha relacionado con factores como la desconfianza hacia las vacunas, el acceso limitado a servicios de salud, y deficiencias en los sistemas de adquisición de vacunas.
El último gran brote de sarampión en México ocurrió entre 1989 y 1990, cuando se registraron 89,163 casos. En respuesta, se implementó el Programa de Vacunación Universal, que busca asegurar que todos los niños menores de 5 años estén vacunados. No obstante, el desafío es enorme: para erradicar el sarampión, se requiere mantener una cobertura vacunal mínima del 95% para interrumpir la transmisión del virus, un objetivo que se ha vuelto más difícil de lograr en el contexto post-pandémico.
A pesar de los esfuerzos realizados para contener la enfermedad y restablecer un estado de inmunidad colectiva, los datos indican que se requiere una acción inmediata y coordinada para evitar un retroceso significativo en la lucha contra el sarampión. La vacunación sigue siendo la herramienta más eficaz para prevenir no solo el sarampión, sino también muchas otras enfermedades infecciosas. Cada fallecimiento por un patógeno prevenible es un recordatorio de la responsabilidad compartida en la protección de la salud pública.
Es vital que la sociedad y las autoridades refuercen sus esfuerzos para asegurar que todos los niños reciban la vacuna, restableciendo así la confianza en la inmunización y garantizando que se mantengan altas tasas de cobertura. Solo de esta manera se podrá avanzar hacia un futuro donde el sarampión sea parte del pasado.
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