El joven torero Jordi Pérez, conocido como El Niño de las Monjas, ha sido protagonista de un dramático incidente en el mundo de la tauromaquia. Nacido el 24 de marzo de 2000 en Carlet, Valencia, sufrió el pasado miércoles una significativa cornada en el cuello durante un festejo taurino en Huallanca, Perú, a 409 kilómetros al norte de Lima.
El fatídico momento ocurrió mientras El Niño de las Monjas trataba de fijar a su toro con el capote y, tras perder el equilibrio al tropezar, cayó al suelo, donde recibió la cornada que le provocó una hemorragia considerable. La atención médica llegó tarde; no había enfermería ni personal capacitado en el lugar. Sin embargo, gracias a la intervención virtual del doctor César Baltazar, quien lo atendió a través de videollamada, logró estabilizarse. Según el diagnóstico del médico, aunque la herida es grave, no ha comprometido arterias, venas, ni la tráquea, y el torero no requiere asistencia respiratoria, ya que solo afectó a tejido muscular.
Al ser trasladado en camilla por las calles cercanas a un centro de salud que también estaba cerrado, la situación de El Niño de las Monjas se tornó crítica. Tras tres horas de traslado, finalmente fue evacuado a la ciudad de Huaraz.
Esta situación destaca la falta de recursos médicos en algunas plazas de toros en Perú, donde se celebran numerosos festejos taurinos, especialmente en localidades pequeñas, donde muchas veces los toreros son vulnerables ante accidentes. Este hecho es uno de los riesgos que asumen toreros como Jordi Pérez, quien, ante la escasez de contratos en España, busca oportunidades en el exterior.
Jordi Pérez tiene una historia emocionante. Desde los 11 años, ha estado bajo la tutela de las monjas en el Hogar de los Desamparados de Valencia, quienes lo guiaron hacia su carrera en la tauromaquia. Debutó con picadores en 2019, y desde entonces ha participado en varias corridas destacadas, incluyendo su presentación en Madrid y la toma de alternativa en Utiel en septiembre de 2024, con la presencia de reconocidos toreros como Alejandro Talavante y Emilio de Justo.
Es un recordatorio de los peligros inherentes a la profesión y de la resiliencia que muchos toreros muestran al perseguir su sueño en circunstancias adversas. La comunidad taurina espera su pronta recuperación y que incidentes como este abran un debate sobre la seguridad en las plazas de toros en lugares en desarrollo.
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