Esta semana se presenta ante nosotros una disyuntiva: el vaso medio vacío o el medio lleno. La noticia de que Toyota dejará Tijuana para trasladarse a San Antonio, Texas, contrasta con la confirmación de Nubank sobre una inversión de 4,200 millones de dólares en México. ¿Cómo debemos interpretar estos movimientos en el contexto económico actual?
Desde el año pasado, hemos observado una notable transformación en la inversión extranjera directa (IED) que llega a México. El sector financiero ha escalado hasta convertirse en el principal generador de este tipo de inversión, desbancando a la industria automotriz y señalando una pérdida de dinamismo en este último sector.
No es difícil entender por qué el sector financiero mexicano atrae a los capitales internacionales. La falta de atención al mercado, evidenciada en las cifras de inclusión y uso de servicios financieros, crea un vasto campo de oportunidades. Las ganancias para los grupos que invierten aquí son extraordinarias, incluyendo actores importantes de España, Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido. Este fenómeno ha sido potenciado por una nueva ola de empresas tecnológicas que desafían al tradicional establishment, con Nubank a la cabeza y complementos como Mercado Pago, Plata, Klar y Clip.
El movimiento de Toyota, que ocurre poco después del anuncio de Estados Unidos respecto a la no renovación del T-MEC, plantea interrogantes sobre una posible conexión entre ambos eventos. Esta decisión, que se materializa en una inversión de 3,600 millones de dólares, ha estado en proceso durante un tiempo, en un contexto donde la industria automotriz global busca reconfigurarse.
Este escenario plantea un dilema entre nearshoring y reshoring. La estrategia de nearshoring alcanzó su punto máximo bajo la administración de Joe Biden, creando oportunidades que México ha comenzado a capitalizar, aunque en parte. Por otro lado, la administración de Donald Trump ha priorizado el reshoring, promoviendo el retorno de fábricas al territorio estadounidense. Esta política condiciona las decisiones empresariales, intentando incentivar que las inversiones permanezcan en Estados Unidos o se enfrenten a aranceles al ingresar al mercado estadounidense.
Si bien Trump ha afirmado que los aranceles están dando resultado en atraer inversiones como la de Toyota, es importante observar que las empresas están reevaluando sus decisiones. No todas las plantas “viejas” pueden trasladarse, pero sí es posible que se queden las más valiosas.
Las políticas arancelarias actúan como un garrote, pero también hay incentivos. Un crédito del 3.75% sobre el valor de la venta por cada vehículo ensamblado en Estados Unidos, junto con un incentivo de 303 millones de dólares ofrecido por la ciudad de San Antonio, que incluye exenciones fiscales y infrastructura, han sido parte del atractivo para Toyota. Además, la empresa se compromete a ofrecer salarios de 32.4 dólares por hora a los empleados de su nueva planta.
La mudanza de Baja California a Texas se llevará a cabo a lo largo de cuatro años, manteniendo sin embargo una planta en Guanajuato. Esto implica que, aunque la compañía japonesa refuerza su estructura en Estados Unidos, la presencia industrial en México se reducirá significativamente. Recientemente, Toyota ha anunciado un plan para invertir 10 mil millones de dólares en Estados Unidos durante los próximos cinco años, incluyendo la apertura de una planta de baterías en Carolina del Norte y varias inversiones en otras localidades.
¿Qué pasos se deben seguir en México? No podemos quedarnos con los brazos cruzados. El riesgo de esta reconfiguración es palpable; un millón de empleos y una quinta parte del PIB industrial dependen de la producción de vehículos y autopartes en el país. Los retos son muchos: necesitamos renegociar el capítulo automotriz del T-MEC, garantizar el suministro de energía necesario para esta industria, revisar la política tributaria y simplificar trámites burocráticos. Es clave desarrollar incentivos competitivos para frenar el éxodo de inversiones hacia Estados Unidos. Mientras seguimos insistiendo en las oportunidades del nearshoring, la agenda de Trump prioriza el reshoring. ¿Realmente le preocupa la competitividad de América del Norte?
Esta situación requiere urgencia y estrategia, porque el futuro industrial de México está en juego.
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