Trabajadores del American Folk Art Museum de Nueva York se unieron recientemente a organizadores del UAW Local 2110 para protestar durante la gala anual del museo, celebrada el 6 de mayo de 2026. Esta manifestación se produjo después de casi dos años de negociaciones estancadas para renovar su contrato, en medio de demandas crecientes de salarios más altos y beneficios adecuados.
La situación financiera del museo es delicada. Los empleados, muchos de los cuales ocupan puestos fundamentales como la atención al visitante, la gestión de la tienda de regalos y el mantenimiento del edificio, actualmente ganan $19 por hora, lo que equivale a un salario anual de aproximadamente $58,686. Este monto está por debajo de los $70,000 que se considera el salario mínimo para vivir dignamente en la ciudad de Nueva York. En contraste, el CEO del museo, Jason Busch, recibió $321,882 en compensación durante el año fiscal 2024.
Desde que votaron para unirse al UAW Local 2110 en junio de 2024, los trabajadores han estado en negociaciones persistentes para obtener un aumento de salario que alcance los $30 por hora al final de un contrato de tres años. Sin embargo, la oferta del museo fue de un incremento a solo $21.50 por hora, sin garantías sobre beneficios como atención médica y horarios híbridos. Estas condiciones fueron rápidamente consideradas inaceptables por los representantes de la unión, lo que llevó a una creciente frustración entre los empleados.
Este descontento se intensificó durante el cierre del edificio del museo para realizar renovaciones, un proceso que dejó a varios puestos unionizados eliminados y la carga de trabajo externalizada a contratistas. Maida Rosenstein, directora de organización del Local 2110 UAW, comentó sobre la naturaleza adversarial de las negociaciones, describiendo respuestas del empleador como “buenas de fe”.
Los trabajadores movilizaron sus esfuerzos en la gala, donde sostuvieron letreros con frases como “For Folk’s Sake” y “Self Taught, Not Self Funded”, mientras expresaban su angustia con manifestaciones vocales que resonaban en las calles de Manhattan. Eve Erickson, asociado de desarrollo del museo, subrayó que “no hay arte sin el personal del museo”.
La gala, que atrajo a 250 invitados y se esperaba que recaudara varios cientos de miles de dólares, fue un momento crucial para los trabajadores. La respuesta de los oficiales del museo acerca de los ingresos generados y el progreso en las negociaciones fue elusiva. Mientras tanto, la intención de los empleados transciende más allá del mero aumento salarial: buscan visibilizar la importancia de su trabajo y la necesidad de condiciones justas en un sector que frecuentemente se enfrenta a desafíos financieros.
A medida que continúan las conversaciones, la esperanza de los trabajadores es que se alcance un acuerdo que refleje sus contribuciones y necesidades, no solo por su bienestar, sino por la salud a largo plazo de la institución que representan. La posición de los directivos del museo ha sido de apertura al diálogo, con la esperanza de trabajar “de buena fe hacia un contrato justo y mutuamente beneficioso”. De esta manera, la lucha por la equidad salarial y mejores condiciones laborales sigue en pie, marcando un hito en la historia del American Folk Art Museum.
Actualización: Este artículo fue elaborado a partir de información vigente hasta el 7 de mayo de 2026.
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