La economía mexicana enfrenta actualmente un panorama de bajo dinamismo, con indicadores que sugieren un estancamiento notorio y el riesgo latente de una recesión, aunque se estima que, de materializarse, sería menos grave en comparación con crisis anteriores.
Recientemente, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE), que anticipa la evolución del Producto Interno Bruto (PIB). Según se prevé, en abril la actividad económica creció un modesto 0.7% respecto al mismo mes del año anterior, con un estancamiento del 0.0% en comparación con marzo. Este ligero crecimiento es, sin embargo,condecorado por contrastantes desempeños sectoriales.
Dentro del IOAE, las actividades secundarias, que abarcan la construcción y las manufacturas, sufrieron un retroceso de 0.8% en términos anuales. En cambio, las actividades terciarias, fundamentalmente el comercio y servicios, mostraron una expansión del 1.5%. Este último sector, que representa más de la mitad del PIB, está desempeñando un papel crucial al evitar que la economía caiga en terreno negativo.
Por su parte, la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera reveló una caída anual del 1.5% en el volumen de producción manufacturera, lo que representa un indicador preocupante dado que este sector supone aproximadamente el 20% de la economía nacional.
En cuanto a la demanda, las perspectivas son igualmente sombrías. El Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP) sugiere que en abril el consumo se contrajo un 1.1% en comparación anual y un 0.2% respecto al mes anterior. La ausencia de un repunte en el consumo, que es el principal componente del gasto interno, complica las posibilidades de mitigar el riesgo de recesión.
No obstante, la administración pública ha mantenido una actitud cautelosa. En un evento organizado por el Council of the Americas, un economista de alto perfil en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público presentó datos que indican que la economía mexicana no cumple con las condiciones clásicas que definirían una recesión, tales como ser profunda, generalizada y prolongada.
A lo largo de las recesiones de 2008-2009 y 2020, se observó un desplome en el empleo en manufacturas, construcción y servicios. Actualmente, aunque la construcción se enfrenta a pérdidas significativas y las manufacturas están mostrando señales de fatiga, el sector de servicios continúa generando empleo, lo que sugiere que el crecimiento del empleo formal se mantiene estancado en lugar de caer.
Además, el economista destacó que, para que se considere que la economía está en recesión, debe haber contracciones en más de 32 sectores; sin embargo, en esta ocasión, solo 22 sectores están reportando retrocesos. Aunque esta cifra debe ser considerada en su contexto económico, es un indicador relevante.
Otro dato a considerar es que no se han registrado dos trimestres consecutivos de caída del PIB, un criterio mínimo para considerar una recesión técnica. Comparado con crisis previas, la debilidad de la economía actual se muestra, por el momento, contenida.
Si bien la economía mexicana no se encuentra en recesión, enfrenta presiones fiscales, ajustes institucionales y un contexto global incierto que entorpecen el crecimiento. Con un avance promedio de solo 2% anual desde la década de los noventa, es imperativo trazar estrategias efectivas—incluyendo la infraestructura, inversión y productividad—que permitan reactivar la economía antes de que se convierta en una preocupación más profunda en el futuro.
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