La reciente avalancha de colecciones de arte de fallecidos que ha inundado las subastas de Nueva York se perfila como una tendencia que seguirá creciendo en los años venideros, impulsada por la transmisión de riqueza de la generación Baby Boomer. A medida que este grupo demográfico, conocido por su afán de colección, pasa, se anticipan más ventas de colecciones valiosas, con referencia a ejemplos notables como las de Sydell Miller y Leonard Lauder.
Pierre Valentin, experto en derecho de arte, señala que estamos en las primeras etapas de lo que él denomina la “gran transferencia de riqueza”. Este movimiento, que ya ha comenzado en EE.UU., también está llegando a Europa, destacando la reciente subasta de la colección de Pauline Karpidas. Se espera que, en los próximos 10 a 15 años, sean más comunes las ventas tipo “guante blanco”, donde la presentación y el contexto son casi tan importantes como las obras en sí.
El factor impositivo, en particular el impuesto sobre sucesiones, ha desempeñado un papel crucial en estas liquidaciones. En EE.UU., el panorama fiscal es complicado: se imponen impuestos de sucesiones tanto a nivel federal como estatal, con exenciones que actualmente se sitúan en $13.99 millones por persona, y que se espera aumenten a $15 millones. Algunos estados, como New York, también imponen sus propios impuestos, lo que puede aumentar considerablemente la carga tributaria en el momento de la herencia.
Mari-Claudia Jiménez, una destacada figura en la planificación patrimonial, explica que la carga del impuesto sobre sucesiones puede ser abrumadora, llevando a muchos beneficiarios a la venta forzada de colecciones que sus padres atesoraron. Esto se intensifica cuando los beneficiarios, por diversas razones, no pueden o no desean conservar las obras, lo que se traduce a veces en una sensación de resentimiento.
El proceso de valoración de una colección es crítico, y Jiménez advierte que, a menudo, las expectativas de los propietarios no reflejan la realidad del mercado. Por ejemplo, una pieza adquirida en su momento por una suma significativa puede haber disminuido su valor drásticamente, mientras que otras pueden haber aumentado exponencialmente. Esta valoración tiene implicaciones directas en la planificación fiscal, especialmente dado el mecanismo estadounidense de “step-up in basis”, que permite que el valor de los activos se ajuste a su precio de mercado al momento del fallecimiento.
En el Reino Unido, la situación fiscal presenta sus peculiaridades. Los umbrales para el impuesto sobre sucesiones son más bajos, comenzando en £325,000, lo que significa que muchas más familias se ven afectadas. Wendy Philips, experta en patrimonio, observa que los enfoques hacia la herencia en el Reino Unido suelen centrarse en la custodia y conservación a largo plazo de las colecciones, a menudo con un único heredero que absorbe la responsabilidad.
Francia también tiene sus propios desafíos en materia de sucesiones, donde la tributación se aplica de manera diferente a cada beneficiario, penalizando a los herederos no relacionados de manera significativa. La discusión sobre la carga impositiva se complica aún más con propuestas que podrían introducir un impuesto sobre la riqueza no productiva que incluya el arte.
A medida que los museos se vuelven más selectivos en cuanto a las donaciones de colecciones, muchos coleccionistas están considerando crear sus propios museos. Sin embargo, este es un movimiento que requiere una inversión significativa en términos de mantenimiento y operación, lo que puede ser complicado para los herederos al tratar de mantener el legado familiar.
En resumen, el mercado del arte se encuentra en una encrucijada, donde el desafío del impuesto sobre sucesiones y el deseo de preservar colecciones valiosas se entrelazan, cada vez más influenciados por el contexto demográfico y fiscal cambiante. Con trillones de dólares en obras de arte a punto de entrar en circulación, la pregunta que persiste es: ¿podrán los mercados absorber esta oleada de arte? A medida que las colecciones continúan siendo una parte esencial del panorama cultural, su evolución está cada vez más ligada a las dinámicas fiscales y generacionales.
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