La escasez de agua que enfrentan diversas regiones de México ha llevado a buscar alternativas menos convencionales. Una de las fuentes más prometedoras es el mar, pero para que esta agua pueda ser apta para consumo humano, es necesario someterla a un proceso de desalinización, donde se eliminan los minerales y sales presentes.
Las plantas desaladoras, estructuras diseñadas para transformar agua salada en agua dulce, se están convirtiendo en una solución viable. Principalmente, se utiliza la tecnología de ósmosis inversa, que destaca por su eficiencia. Proyectos como las plantas en Guaymas-Empalme, Sonora, y una que se proyecta en Playas de Rosarito, Baja California, ejemplifican este enfoque.
El reciente proyecto en Rosarito, impulsado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y la empresa española Cox, se contempla como una de las iniciativas más ambiciosas en este campo. La planta, que se adjudicó el 18 de agosto, se diseñará para abordar la urgente necesidad de agua en la región, beneficiando a aproximadamente 994,000 habitantes. Con una capacidad inicial de 2,200 litros por segundo, esta instalación podría incrementar el suministro regional en más de 190 millones de litros diarios. En su fase final, se espera que alcance hasta 4,400 litros por segundo.
El proceso de desalinización no es simplemente una cuestión de ‘filtrar’ el agua. Inicia con la captación del agua salada, que puede realizarse desde el mar o pozos costeros. Posteriormente, se somete a un pretratamiento para eliminar sólidos y otros contaminantes que podrían perjudicar las membranas del sistema. Luego, mediante bombas de alta presión, el agua se fuerza a través de membranas semipermeables, separando las sales. Este proceso genera dos corrientes: el agua desalada, que es posteriormente tratada, y la salmuera, una corriente de rechazo que contiene una alta concentración de sales.
El manejo de la salmuera es un reto importante; su disposición requiere de una planificación cuidadosa para evitar efectos adversos en el medio ambiente marino. Sistemas de dilución y recuperación de energía se implementan para minimizar dicho impacto.
Sin embargo, a pesar del potencial del océano como fuente de agua dulce, la desalinización enfrenta desafíos significativos. El alto consumo de energía, que puede representar hasta el 70% del costo total del proceso, junto con los costos de operación y mantenimiento, limitan su viabilidad como solución única ante la creciente demanda de agua.
Es fundamental destacar que, aunque la desalinización ha existido en México desde hace tiempo, principalmente para satisfacer las necesidades de desarrollos turísticos y comunidades pequeñas, proyectos de mayor envergadura están en marcha. Las instalaciones en Baja California, Baja California Sur y Sonora son testigos de este cambio estratégico.
La planta de Guaymas-Empalme, ya en operación desde julio de 2022, tiene una capacidad de 200 litros por segundo. Sin embargo, el ambicioso proyecto de Rosarito, al buscar complementar el suministro regional, representa un paso significativo hacia un futuro donde el agua de mar, una fuente tradicionalmente despreciada, se convierte en una reserva estratégica.
En resumen, la desalinización puede ofrecer una solución complementaria esencial para las regiones costeras afectadas por la falta de agua, pero su éxito dependerá de abordar los retos ambientales y económicos de manera innovadora y sostenible.
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