La incertidumbre que acompaña a los sismos es una constante en la vida de quienes habitan regiones sísmicas. Recientemente, el 2 de enero de 2026, un sismo de magnitud 6.5 se registró en Guerrero, generando inquietud entre la población. Tras este evento, muchas personas se plantean la misma pregunta: ¿por qué algunos sismos se sienten como sacudidas breves y fuertes, mientras que otros parecen balanceos largos y suaves?
La respuesta a esta inquietud radica en la naturaleza de las ondas sísmicas, la distancia al epicentro y las características del suelo en cada región. Los expertos distinguen entre dos tipos de movimientos: el trepidatorio y el oscilatorio. El primero se caracteriza por vibraciones verticales, bruscas y cortas, que se asemejan a golpes desde abajo. En cambio, el movimiento oscilatorio se percibe como un suave balanceo horizontal, capaz de mover edificios de lado a lado, especialmente en áreas con un suelo más blando.
Acercarse al epicentro de un sismo implica experimentar ondas más violentas y verticales, lo que provoca que el fenómeno se sienta más intenso y abrupto. Por el contrario, en ciudades distantes, estas ondas suelen cambiar, amplificándose las horizontales, en particular en lugares como la Ciudad de México, que se asienta sobre antiguos lechos lacustres.
Es esencial aclarar que los términos “sismo”, “temblor” y “terremoto” se utilizan para describir diferentes escalas de actividad sísmica. Mientras que “sismo” se refiere a cualquier liberación de energía en la corteza terrestre, “temblor” se utiliza para eventos de menor magnitud, y “terremoto” se reserva para aquellos que causan daños significativos.
El sismo del 2 de enero se sintió de manera predominantemente oscilatoria en la Ciudad de México, con un balanceo suave y prolongado que se debe a la atenuación de las ondas y a la amplificación del movimiento lateral en su suelo blando. Afortunadamente, no se reportaron daños graves, y la percepción del evento se alinea con lo típico de sismos lejanos.
La información sobre sismos es crucial para la seguridad y preparación de las comunidades que viven en estas regiones propensas a actividades sísmicas. Mantenerse informado y educado sobre la diferencia de percepciones puede ayudar a mitigar el miedo y permitir a la población tomar decisiones más informadas en situaciones de emergencia.
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