Colmena
Alberto Ramírez Rivera
Ninguna obra que se haya construido en México, desde la época de Porfirio Díaz hasta la actualidad, ha hecho y hará mayor daño al medio ambiente como la del Tren Maya.
No lo digo yo, pero es bueno saber que en ello coinciden científicos, investigadores y expertos en materia ecológica de México y el extranjero, quienes alertan que habrá afectaciones en 10 áreas naturales protegidas.
En esas zonas ya dio inicio lo que será la destrucción de mil 288 sitios arqueológicos, la violación de derechos de 146 mil indígenas y la precariedad y temporalidad de empleos.
El llamado “avance” tecnológico está encaminado a la ruina ecológica, mientras asola, con obcecación y vandalismo, a la naturaleza que le circunda y nutre, es decir, que proporciona agua, oxígeno y alimentos.
En los mil 500 kilómetros que recorrerá el Tren Maya por Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, se matará a la fauna silvestre.
Además, se quitará la vida a 18 especies de animales, como el puma, el ocelote y el jaguar, que ya están en extinción por el tráfico de especies, la cacería ilegal y la pérdida de su hábitat.
También al macaco, tapir, flamenco, quetzal, tucán, tlacuache, cacomixtle, mapache, mono aullador y mono araña, así como diversas especies de murciélagos, tortugas, iguanas y serpientes.
A lo largo de 606.4 hectáreas, por donde se instalan las vías del tren, se lleva un indiscriminado desmonte de más de 7 mil árboles y plantas de 178 especies incluidas en la Norma 059-Semarnat-2010 para la protección.
Es así que aumentará la emisión de gases contaminantes, como el dióxido de carbono, así como las afectaciones a la vegetación, la fauna y los cuerpos de agua.
Una vez que esté listo el Tren Maya el tiempo pondrá todo en su lugar. Es seguro que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador quedará en la historia como el “asesino de la naturaleza”.
La sociedad que llevó a la Presidencia de la República a ese sujeto tal vez reconocerá sus errores, sobre todo cuando sienta directamente las secuelas económicas, pero será demasiado tarde.
¿Cómo percibimos en el futuro a esa enorme zona donde se construye el Tren Maya?, la respuesta la da Konrad Lorenz en su libro Los 8 Pecados Mortales de la Humanidad Civilizada:
“Será como comparar el cuadro histológico de cualquier tejido animal sano con un tumor maligno: ¡hallaremos sorprendentes analogías!”
La ruindad estética y ética de la denominada civilización es imputable, en gran medida, al distanciamiento generalizado y acelerado de la naturaleza viva.
¡Ilusos! Vivimos con la creencia errónea de que la naturaleza es inagotable.
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