Marco Odermatt, el renombrado esquiador suizo y actual número uno mundial en esquí alpino, culminó su participación en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026 con un desempeño que, aunque impresionante, dejó un sabor agridulce. A pesar de llevarse tres medallas a casa—bronce en super-G y plata en gigante y en combinada por equipos—la ausencia del ansiado oro fue un golpe sorpresivo tanto para él como para sus seguidores.
“El balance es muy positivo. Si no estamos satisfechos con tres medallas, entonces tenemos un problema”, comentó Odermatt tras su última carrera, mostrando una actitud optimista, aunque su rostro evidenciaba el cansancio acumulado de cuatro competencias en solo ocho días. Su resistencia se puso a prueba, especialmente en un descenso en el que se quedó corto, finalizando en un cuarto puesto, en lo que se esperaba como uno de sus puntos fuertes.
Con una trayectoria destacada en la Copa del Mundo, donde lidera las clasificaciones de descenso, super-G y gigante, las expectativas para Odermatt eran elevadas. Sin embargo, a medida que la competencia avanzaba, se hizo evidente que el suizo no estaba al 100% de su capacidad. “Quizá estuve al 98 o 99%”, admitió, subrayando que en un deporte donde los márgenes son cada vez más reducidos, el más mínimo error puede marcar la diferencia entre el triunfo y la victoria.
A pesar de su gran habilidad, el ritmo frenético de la temporada también tuvo un costo. La combinación de múltiples disciplinas le exigió un esfuerzo adicional, dejándolo menos fresco para estas cruciales pruebas olímpicas. La estrategia de enfocarse en los descensos este año, aunque le proporcionó triunfos en competiciones previas, le jugó en contra en Bormio, donde muchos esperaban que consolidara su dominio.
No obstante, la competencia se mantuvo feroz, con esquiadores como el brasileño Lucas Pinheiro Braathen desafiando sus expectativas, sorprendiendo al llevar la primera manga con una actuación estelar. Al final, el juicio del colega francés Léo Anguenot reflejó la situación: “Demuestra que es el mejor esquiador del mundo en temporadas enteras pero tiene competencia capaz de hacerle cosquillas”, destacando que en una carrera única, cualquier cosa puede suceder.
Con tres medallas, Odermatt tiene motivos para sentirse orgulloso, aunque la búsqueda del oro continúa. Su historia en los Juegos Olímpicos de 2026 puede ser vista no solo como un capítulo en su carrera, sino como una lección de perseverancia y humildad en el mundo altamente competitivo del esquí alpino.
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