Justin Trudeau sobrevive. La arriesgada apuesta del primer ministro canadiense no ha pagado como lo esperaba. Canadá acudió a las urnas dos años antes de lo previsto con la invitación a soñar el fin de la pandemia. Los votantes, sin embargo, han devuelto otro mensaje después de solo 36 días de intensa campaña. El Partido Liberal de Canadá (PLC) ha logrado 156 asientos en la cámara baja, suficientes para formar un nuevo Gobierno pero lejos de la mayoría de 170 que llevó al primer ministro a disolver el Legislativo y adelantar las elecciones.
Es el peor resultado para la formación centrista desde que llegó al poder hace casi seis años con la promesa de revolucionar Canadá con políticas progresistas. La noche electoral ha dejado constancia del desgaste del mandatario. El opositor Partido Conservador ha conquistado 122 asientos y se hace nuevamente con el voto popular, como lo hizo dos años atrás.
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“El momento que enfrentamos requiere cambios importantes y su voto ha dado al Parlamento una dirección clara”, ha dicho esta madrugada el primer ministro en su primer discurso, dado en el Queen Elizabeth de Montreal, el mismo hotel donde John Lennon y Yoko Ono se metieron a la cama de la suite 1.742 para pedir la paz mundial un verano de 1969. El político, quien cumple 50 años en Navidad, no mostró autocrítica ante los resultados. Se limitó a decir que los comicios han confirmado la necesidad de un “plan progresista” a la pandemia, un ingreso universal a los niños y una lucha más decidida contra el cambio climático. También lanzó un dardo a los políticos de la oposición, quienes a lo largo de la campaña se preguntaron continuamente el por qué de las elecciones anticipadas. “La vida política no es sencilla”, dijo Trudeau, nieto de un parlamentario del norte de Vancouver e hijo del dos veces primer ministro Pierre Elliott Trudeau.
Todo cambió para quedar casi igual. Los resultados, con un 94% computado y a la espera del voto por correo, muestran un escenario similar a lo que había antes de la apuesta de Trudeau, cuando contaba con 157 escaños. El marginal triunfo liberal fue posible gracias a su resistencia en las provincias de Ontario y Quebec, las más pobladas del país y las que otorgan el mayor número de circunscripciones: 199 de las 338 que estaban en juego esta jornada. El discurso durante la campaña del líder conservador, Erin O’Toole, quien intentó un viraje de su partido al centro, no logró el impacto esperado en esas zonas.
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“Hace cinco semanas, Trudeau pidió una mayoría y dijo que era imposible trabajar con la minoría legislativa. Los canadienses no se la han dado. De hecho, lo han mandado a otra minoría con un costo de 600 millones de dólares [500 millones de dólares de EE UU] con Columna Digital más dividido que nunca”, ha dicho el aspirante al reconocer su derrota. O’Toole puso por primera vez a prueba su liderazgo en unas elecciones federales. Su futuro no está claro. Hace dos años Andrew Scheer obtuvo resultados similares y dejó el cargo. O’Toole, no obstante, ha afirmado en su discurso que el primer ministro hará una “campaña permanente los próximos 18 meses”, cuando, estima, volverá a convocar a elecciones.
Cinco de las últimas siete elecciones en el país norteamericano han arrojado un Gobierno en minoría. Los resultados de esta noche marcan una coalición de facto. La clave para el nuevo mandato estará en manos del Nuevo Partido Democrático (NPD), más a la izquierda del centro. La formación se consolida como cuarta fuerza al obtener 27 asientos, tres más que la última elección, pero con un porcentaje de voto similar al de 2019. Liderado por el afable Jagmeet Singh, el primer candidato de color en la historia de un país con 22% de inmigrantes, el NPD ha sido fundamental para la agenda progresista en Ottawa. Su voto aumentó las ayudas al paro y otros subsidios. Singh ha lanzado guiños al puntero. “Todos somos uno. Debemos de cuidarnos los unos a los otros. NPD luchará por cuidar a todos los canadienses para que crezcamos juntos”, dijo el candidato, quien suele ser una de las principales voces críticas a Trudeau por sus promesas incumplidas en temas como el cambio climático y los impuestos a las grandes fortunas.
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El Bloque Quebequés obtuvo 31 asientos, uno menos que en 2019. En esos comicios, la pérdida de la mayoría liberal se debió en gran medida a los buenos resultados del partido de la provincia francófona. La escena se ha repetido esta noche. Su líder, Yves-François Blanchet también tendió la mano al primer ministro. “Necesitamos dejar atrás el rencor del pasado. Es lo que los quebequenses y canadienses quieren ver. La colaboración será fundamental y participaremos totalmente en la transición económica y social que se requiere para dejar atrás esta pandemia”, afirmó.
Los canadienses acudieron a las urnas por un sentido del deber más que por convicción. “Estoy confundido”, confesaba esta mañana Brian, de 25 años, originario de la Columbia Británica y estudiante en Montreal. “¿Por qué hay una elección ahora, en plena pandemia?”, reflexionaba. Esa era la gran pregunta que dominó los 36 días de campaña. Trudeau convocó a las elecciones con la esperanza de recibir un aval tras la crisis sanitaria, en un país con casi el 70% de la población vacunada y con 27.500 muertes, una de las tasas más bajas de mortalidad dentro de los países del G7. Este fin de semana, no obstante, provincias como Alberta y Saskatchewan, gobernadas por los conservadores, registraron las cifras de contagios más altas en toda la pandemia.
Aún así, la pandemia fue un tema que movilizó votantes. “Voté por Trudeau porque ayudó a muchos con prestaciones de emergencia y apoyos a empresas”, comentó esta mañana Gloria Reyes, una emigrante mexicana con más una década en el país, tras marcar su boleta en un colegio de Papineau, la circunscripción de Montreal que el primer ministro volvió a ganar con holgura.
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En los días finales de la campaña, Trudeau esquivó en sus mítines y entrevistas con la prensa la palabra “mayoría”. Los sondeos lo colocaban en un empate técnico con los conservadores después de caer cerca de un 5% desde que convocó a los comicios. En seis años su aprobación se ha desplomado un 27%. Aún así es un líder que despierta simpatías. “No he oído lo mejor de él, pero espero que los próximos cuatro años sean mejores”, dijo Rosaleen Sirossi, de 18 años y estudiante de ingeniería mecánica en la Universidad de McGill, tras votar por primera vez. Lo hizo con ilusión por el primer ministro para que los cambios prometidos “lleguen más rápido”.
Esta es la primera ocasión que Trudeau acudió a la batalla electoral sin la compañía de Gerald Butts, su secretario principal hasta febrero de 2019, cuando se vio forzado a renunciar por un escándalo de presiones al ministerio público en un importante caso que salpicó al primer ministro. Amigo del político desde la universidad, Butts era también el estratega que ayudó a consolidar la leyenda de Trudeau desde la campaña por el liderazgo liberal en 2013.


