A 100 días de una nueva etapa en su presidencia, Donald Trump enfrenta un desafío más crítico que la desaprobación de sus opositores: la desilusión creciente entre sus propios aliados. Las encuestas recientes indican que su popularidad ha caído drásticamente; por ejemplo, según The Washington Post-ABC News-Ipsos, sólo el 39% de los encuestados lo aprueba, con un 55% que se opone a su gestión. Este descenso es notable, considerando que en febrero contaba con un 45% de aprobación.
Tan solo en el ámbito de seguridad fronteriza ha conseguido más respaldos que críticas, gracias a un operativo específico que involucra 1,000 guardias nacionales en diversos estados de México. Sin embargo, en otros temas, la desaprobación es abrumadora.
Ante estas cifras, Trump ha reaccionado de forma agresiva. En su plataforma Truth Social, ha calificado a las encuestadoras de “criminales” y “enemigos del pueblo”, acusando a medios como el New York Times y ABC News de fraudes en las encuestas y pidiendo investigaciones sobre su supuesta manipulación para perjudicarlo. Esto forma parte de una estrategia en la que cada crítica es interpretada como parte de una conspiración en su contra.
Es importante notar que las cifras desfavorables no provienen únicamente de medios considerados opuestos; incluso Fox News, conocido por sus posturas favorables, le otorga una aprobación que apenas supera el 40%. Pek Research revela que su apoyo entre los latinos, que en 2024 fue del 46%, ha caído al 34%. Su aprobación entre afroamericanos es alarmantemente baja, alcanzando apenas el 10%. Entre los jóvenes, la cifra se sitúa en un 31% y entre las mujeres es de solo el 36%. De hecho, más del 50% de los votantes independientes, un grupo crucial para las elecciones intermedias, desaprueban su gestión. Esta erosión del apoyo se intensifica en todos los segmentos demográficos que anteriormente lo respaldaron.
El tiempo apremia para Trump, ya que, a diferencia de 2016, no puede aplicar la misma retórica de confrontación. Aunque comenzó su segundo mandato con más ímpetu, este se desvanece rápidamente; el 54% de los votantes registrados considera que “se ha excedido” con los cambios que ha implementado en el sistema político y económico, mientras que solo un 27% lo califica de “razonable”. Las políticas de su gobierno están siendo desafiadas en tribunales, enfrentando bloqueos judiciales y resistencia institucional, generando más temor que entusiasmo entre los votantes republicanos moderados.
El Partido Republicano necesita prestar atención a estas encuestas, ya que en 2026 se renovará la Cámara de Representantes y se elegirán 33 senadores y 39 gobernadores. Si la falta de apoyo persiste, podrían perder distritos y estados que en 2024 fueron sencillos de ganar. A pesar de conservar una base leal entre hombres blancos sin educación universitaria y evangélicos conservadores, no podrá prevalecer en las elecciones legislativas únicamente con este grupo, menos aún a través de insultos y amenazas.
Mientras tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum adopta un enfoque diametralmente opuesto, evitando confrontaciones y construyendo alianzas. Mientras él impone aranceles, ella trabaja en reducir el déficit. En lugar de exigir lealtad ciega, ella delega y otorga confianza. Según una encuesta reciente, su aprobación es del 80%, un reflejo de la efectividad de su estilo en comparación con el de Trump.
Este escenario presenta dos líderes con estilos antagónicos y resultados marcadamente diferentes, ilustrando la naturaleza volátil de la política actual.
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