La Casa Blanca ha iniciado una purga interna que ha sacudido al Consejo de Seguridad Nacional (NSC) y a otras áreas clave del gobierno. Al menos cuatro funcionarios de alto nivel han sido despedidos en lo que diversas fuentes describen como una movida con trasfondo político, presionada por figuras de la extrema derecha, particularmente por Laura Loomer, una activista conocida por sus posturas radicales y conspirativas.
Los despidos ocurrieron tras una reunión entre Loomer y el presidente Donald Trump, en la que la activista habría entregado una lista con nombres de personas a las que acusaba de deslealtad hacia el mandatario. Aunque Trump negó que su decisión estuviera relacionada directamente con esa reunión, varios dentro del entorno presidencial reconocen que la visita de Loomer influyó en la determinación de apartar a ciertos miembros del NSC. La activista, quien en el pasado aseguró que los atentados del 11 de septiembre fueron un “trabajo interno”, se ha vuelto una figura con creciente influencia en el círculo cercano del presidente, especialmente desde su activa participación en la campaña de 2024.
Entre los funcionarios despedidos figuran Brian Walsh, director de Inteligencia y ex colaborador del ahora secretario de Estado Marco Rubio; Thomas Boodry, encargado de los asuntos legislativos y estrecho aliado del asesor de Seguridad Nacional Michael Waltz; David Feith, experto en tecnología y seguridad nacional con experiencia previa en el Departamento de Estado; y Maggie Dougherty, responsable de las relaciones con organismos internacionales. Todos ellos fueron sometidos a un proceso de revisión interna en los últimos meses, en el que se les cuestionó sobre su lealtad al proyecto de Trump, bajo la supervisión de Sergio Gor, actual jefe de la Oficina de Personal Presidencial.
Trump, en declaraciones a bordo del Air Force One, defendió el derecho de su gobierno a prescindir de personas que, según sus palabras, no son afines, no hacen bien su trabajo o podrían estar alineadas con otras agendas. Aunque minimizó el papel de Loomer en los despidos, no escatimó en elogios hacia ella, calificándola como una “patriota firme” que también ha recomendado nombres para ocupar nuevos cargos dentro de su administración.
El ambiente en la Casa Blanca es tenso. El propio Michael Waltz, principal asesor de Seguridad Nacional, ha sido objeto de señalamientos internos debido a la controversia por un chat en Signal en el que se habría filtrado información confidencial sobre operaciones militares en Yemen. Aunque Trump lo ha respaldado públicamente, hay voces dentro del ala dura del oficialismo que reclaman su salida, entre ellas la propia Loomer, quien no ha dudado en calificarlo como un “anti-Trump”.
Durante la polémica reunión en el Despacho Oval, Loomer fue acompañada por figuras clave de la administración, incluyendo a la jefa de gabinete Susie Wiles, el director de Comunicaciones Steven Cheung, el secretario de Comercio Howard Lutnick, el vicepresidente J.D. Vance y el congresista Scott Perry, quien también presentó al presidente una lista de inquietudes respecto al personal. Esta escena deja claro que la reunión no fue un encuentro casual, sino parte de una estrategia bien orquestada por sectores que desean alinear al equipo de gobierno con la ideología más radical del trumpismo.
Loomer, quien ha sido expulsada de varias plataformas digitales por discursos de odio y comentarios islamófobos, no ocultó su satisfacción tras el encuentro, aunque se negó a dar detalles por “respeto al presidente”. En el pasado, Loomer ha protagonizado teorías delirantes y campañas mediáticas que a menudo terminan amplificadas en los discursos de Trump, como cuando se refirió a inmigrantes que supuestamente “se comían las mascotas” de residentes de Ohio, una narrativa que el propio Trump repitió en uno de sus debates presidenciales.
Esta nueva ola de despidos vuelve a poner en evidencia el poder que han adquirido ciertas figuras provenientes del ecosistema digital de la derecha radical, capaces de influir directamente en decisiones del Ejecutivo estadounidense. Y mientras la atención pública se centra en las consecuencias del escándalo por las filtraciones sobre Yemen, desde la Casa Blanca se insiste en que todo está bajo control. Sin embargo, la inestabilidad interna y la presencia de actores como Loomer en los círculos de decisión más cercanos al presidente indican que, lejos de calmarse, la tormenta política dentro del gobierno apenas comienza.
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