En México, el 2026 promete ser un año cargado de tensiones. La figura del presidente estadounidense ha comenzado a desvanecerse entre sus compatriotas. Las encuestas revelan un descenso significativo en su popularidad, oscilando entre nueve y quince puntos porcentuales, y para las elecciones de noviembre, los demócratas se embolsan una ventaja de cinco puntos frente a los republicanos. Esta turbulencia en la política estadounidense, acentuada por incidentes de violencia y la represión vinculada al ICE, sugiere que el control del Congreso podría escapar a las manos del partido en el poder. En tal caso, Trump podría encontrarse limitado en sus acciones durante los últimos dos años de su presidencia, incluso enfrentando el riesgo de un juicio político.
Este panorama añade un elemento de incertidumbre y peligro para México y otras naciones vecinas. La aprobación de la política fronteriza de Trump y su enfoque en la lucha contra los cárteles mexicanos son, al parecer, las únicas áreas en las que goza de cierto apoyo. A medida que se torna más impredecible, la presidenta mexicana podría verse atrapada en una encrucijada: aceptar la colaboración de Estados Unidos para realizar operaciones contra los cárteles o, por el contrario, arriesgarse a enfrentar acciones militares unilaterales. Las consecuencias de estas decisiones podrían fracturar al partido político en el poder, Morena, y amenazar la gobernabilidad del país.
Mientras en el ámbito interno Trump enfrenta múltiples fracasos, en el contexto global ha encontrado resistencia. Los gobiernos europeos han sido firmes en su rechazo a la anexión de Groenlandia y están preparados para una guerra comercial. Un enfrentamiento directo con Europa podría desencadenar un colapso de los mercados bursátiles y la pérdida de estatus del dólar como moneda de reserva, lo que tendría repercusiones globales, incluyendo el debilitamiento de la OTAN y un eventual ataque ruso a Europa. En medio de estas tensiones, el oro y la plata han visto un aumento desmedido en su valor, mientras que los bonos del Tesoro, que históricamente han sido un refugio seguro, están perdiendo atractivo.
Desde la posguerra, el dólar ha mantenido su posición como la moneda primigenia para evaluar bienes y servicios, así como un medio de intercambio. Esto fue facilitado por la confianza en las instituciones estadounidenses y su compromiso con la propiedad privada y el cumplimiento de contratos. Sin embargo, tras la decisión de Nixon en 1971 de desvincular el dólar del oro, el estatus del dólar comenzó a depender de otros factores, como la capacidad del gobierno para cumplir con sus obligaciones. Esta confianza ha permitido a Estados Unidos acumular deudas sin enfrentar las repercusiones que otros países sufren por desequilibrios fiscales.
La llegada de Trump y su política arancelaria han comenzado a erosionar esta confianza y, en consecuencia, la hegemonía del dólar se encuentra bajo creciente amenaza. Su enfoque de carga comercial a otros países ha debilitado la posición de Estados Unidos como comprador de última instancia a nivel global, lo que ha provocado que muchos países reconsideren la utilidad de mantener activos en dólares, buscando refugio en metales preciosos y en otras divisas.
Hoy, el orden mundial que se consolidó tras la caída de la Unión Soviética en 1991 está siendo desafiado por la política comercial de Trump y la emergente influencia de China. Los efectos de esta transformación podrían llevar a un nuevo orden global basado en influencias regionales, donde China y Rusia podrían marcar el paso en Asia y Europa, respectivamente, mientras Estados Unidos intenta mantener su dominio en América. Este nuevo reparto tiene el potencial de desencadenar conflictos entre las potencias y con naciones poseedoras de armamento nuclear.
Las implicaciones de esta evolución son profundas: el sistema autorregulador y la preeminencia del dólar parecen estar llegando a su fin, a la vez que se desploma el estado liberal y de derecho que caracterizó décadas pasadas. De este modo, si México logra atravesar las tumultuosas aguas del presente, podría encontrar un poco más de estabilidad en el resto del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum, especialmente si Trump no logra retener el control del Congreso. La incertidumbre y el cambio inminente en el orden mundial son innegables; este es un momento decisivo, y las decisiones que se tomen ahora impactarán el futuro de naciones enteras.
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