El 19 de febrero de 2026, el presidente Donald Trump anunció la creación de su “Junta de Paz”, una nueva iniciativa que busca rivalizar con la Organización de las Naciones Unidas, destinada a estabilizar la Franja de Gaza tras el devastador conflicto entre Israel y Hamás. Este ambicioso plan se presentó en un evento rodeado de aliados estratégicos y un ambiente festivo, prometiendo una contribución inicial de 10,000 millones de dólares por parte de Estados Unidos, a la que se sumaron Catar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, cada uno aportando al menos 1,000 millones.
La Casa Blanca confirmó que, en total, se han asegurado promesas de inversión por 6,500 millones para la reconstrucción de Gaza. En un acto marcado por música pop y un tono optimista, Trump se autoproclamó líder vitalicio de la Junta, enfatizando que la situación en Gaza no será el único enfoque de esta coalición internacional. “Ayudaremos a Gaza, la pondremos de nuevo en pie; traeremos la paz, y haremos cosas parecidas en otros lugares”, afirmó durante su discurso.
En su crítica a las Naciones Unidas, Trump destacó que, aunque la ONU tiene “gran potencial”, no ha cumplido con las expectativas que su creación prometía. Esto fue apoyado por otros líderes presentes, quienes señalaron la necesidad de un nuevo enfoque en la resolución de conflictos. Edi Rama, primer ministro albanés, sostuvo que la Junta de Paz no busca reemplazar a la ONU, sino motivar un cambio en un sistema que muchos consideran obsoleto.
En cuanto a la seguridad, la mayor parte de la contribución militar proviene de cinco países musulmanes: Indonesia, Marruecos, Kazajistán, Kosovo y Albania. Estados Unidos se encargará de liderar esta nueva fuerza de estabilización, mientras que países como Egipto y Jordania están intimando la formación de un nuevo cuerpo policial para Gaza. El presidente argentino, Javier Milei, también ofreció contribuciones militares, destacando la experiencia de su país en operaciones de paz.
A pesar del entusiasmo mostrado en el evento, la Junta de Paz ha encontrado resistencia por parte de naciones europeas y Canadá. Francia, a través de su portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, expresó que no podría participar “mientras exista ambigüedad sobre su alcance”.
Por último, Trump sugirió que aquellos países que deseen participar en su iniciativa deberán contribuir económicamente después de dos años de participación gratuita, con una cuota establecida de 1,000 millones de dólares.
Este innovador enfoque, aunque ambicioso, enfrenta desafíos significativos en su camino hacia la implementación y aceptación internacional. Mientras tanto, la comunidad internacional permanecerá atenta a los desarrollos de esta nueva plataforma para la paz en una de las regiones más complejas del mundo.
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