El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha tomado una medida drástica al firmar una orden ejecutiva secreta que autoriza operaciones militares del Pentágono contra cárteles de la droga en América Latina. Este impulso militariza sus esfuerzos contra organizaciones que ha clasificado como terroristas extranjeros. Entre los cárteles mencionados se encuentran el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), así como grupos que operan a nivel transnacional como el Tren de Aragua y MS-13, además del Cártel de los Soles, vinculado al presidente venezolano Nicolás Maduro.
El gobierno estadounidense también está ofreciendo recompensas millonarias por información que conduzca a la captura de líderes de estas organizaciones criminales, destacando la búsqueda de figuras clave como Maduro.
En respuesta a estas acciones, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se ha mostrado enérgicamente en contra de cualquier insinuación de intervención militar estadounidense en el país. Aseguró que no existen planes para que tropas estadounidenses hagan presencia en territorio mexicano, enfatizando que las negociaciones fueron meramente informativas y no representan una amenaza a la soberanía nacional.
“No hay riesgo de que vayan a invadir nuestro territorio,” afirmó la mandataria, buscando calmar las tensiones que estas acciones estadounidenses podrían generar en la región.
Esta situación refleja no solo un cambio en la política estadounidense hacia el narcotráfico, sino también la compleja relación entre Estados Unidos y sus vecinos en América Latina, donde temas de seguridad, soberanía y crimen organizado se entrelazan de manera crítica.
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