Israel ejecutó este viernes una ofensiva aérea de gran escala contra instalaciones estratégicas en Irán, marcando uno de los ataques más intensos registrados en el prolongado enfrentamiento entre ambos países. La operación incluyó bombardeos sobre sitios de enriquecimiento de uranio, fábricas de misiles y objetivos militares clave, y se presenta como un intento directo por impedir que Teherán continúe desarrollando un arma nuclear.
En una entrevista con la cadena ABC News, el presidente estadounidense Donald Trump respaldó la acción israelí. “Les dimos una oportunidad y no la aprovecharon… recibieron un golpe tan duro como es posible. Y aún hay más por venir. Mucho más”, declaró. El mandatario reveló que Irán había recibido un ultimátum de 60 días para negociar, el cual venció sin resultado alguno. “Hoy es el día 61… ahora tienen, quizás, una segunda oportunidad”, publicó también en su plataforma Truth Social.
A pesar del tono de apoyo, la Casa Blanca aclaró que Estados Unidos no participó directamente en los ataques, calificándolos como una decisión unilateral de Israel.
La respuesta iraní no tardó en llegar. El régimen islámico prometió represalias contundentes. Medios oficiales reportaron que una lluvia de drones fue lanzada hacia territorio israelí, aunque fuentes del gobierno de Netanyahu aseguraron que la mayoría fueron interceptados y que la situación se encontraba bajo control. No obstante, se emitió una orden para que los ciudadanos permanecieran cerca de refugios durante la madrugada, lo que reflejó el grado de tensión en el terreno.
En un discurso televisado, el presidente iraní Masoud Pezeshkian llamó a la unidad nacional y prometió que Israel “se arrepentirá de su insensato acto”. Por su parte, el líder supremo Ali Jamenei denunció que Israel había “desatado su mano malvada y sangrienta”, y advirtió que enfrentaría un destino “amargo y doloroso”.
El ataque no fue menor en impacto. Informes desde Teherán indicaron que al menos 78 personas murieron y otras 329 resultaron heridas en zonas residenciales. La televisión estatal confirmó la muerte de figuras militares de alto rango, incluyendo el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Mohammad Bagheri; el líder de la Guardia Revolucionaria, Hossein Salami; y Amir Ali Hajizadeh, jefe de la fuerza aeroespacial del mismo cuerpo. También fallecieron seis científicos vinculados al desarrollo nuclear. En total, se estima que al menos 20 altos comandantes perdieron la vida.
Israel, por su parte, sostuvo que más de 200 aviones de combate participaron en la operación, la cual aún no concluye. El general de brigada Effie Defrin, portavoz militar israelí, aseguró que decenas de radares y sistemas de misiles tierra-aire iraníes fueron destruidos. Incluso reveló que comandos del Mossad realizaron operaciones encubiertas en territorio iraní antes del ataque, y que Israel estableció una base de drones cerca de Teherán para coordinar los ataques.
Uno de los puntos más sensibles fue Natanz, epicentro del programa nuclear iraní, que sufrió daños significativos. La planta es considerada uno de los elementos clave en el enriquecimiento de uranio, proceso que ha generado preocupación internacional por su potencial uso militar.
En medio de esta escalada, el mercado petrolero reaccionó con alarma. El precio del crudo se disparó más del 8%, reflejando el temor a una interrupción en la región productora más importante del mundo. No obstante, la compañía petrolera estatal iraní informó que sus instalaciones seguían operativas y no habían sufrido daños directos.
A nivel diplomático, el Consejo de Seguridad de la ONU fue convocado de urgencia a petición de Irán. Mientras tanto, funcionarios iraníes y estadounidenses tienen previsto reunirse en Omán el domingo para una nueva ronda de negociaciones sobre el programa nuclear, aunque ahora bajo una sombra de fuego y muerte que amenaza con hacer estallar cualquier posibilidad de entendimiento.
Israel, que nunca ha firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear, ha insistido en que su ofensiva busca prevenir un futuro más devastador. El primer ministro Benjamin Netanyahu evocó el Holocausto para justificar su decisión y defendió el operativo como un paso necesario para garantizar la supervivencia del Estado judío.
El futuro inmediato parece incierto. Las palabras de Trump, el silencio tenso de la comunidad internacional y la sangre derramada en Teherán y Natanz perfilan un nuevo capítulo de alto riesgo en el ya volátil tablero del Medio Oriente.
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