António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, anunció a través de su portavoz el 5 de enero que da por concluido la misión de la ONU que debía investigar la muerte de medio centenar de prisioneros de guerra ucranios en Olenivka, municipio de la provincia de Donetsk ocupado por Rusia. Lo que ha provocado la furia de Kiev, no es tanto que la misión no llegara a pisar Olenivka, sino las tibias justificaciones aportadas por la oficina de Guterres. “Por cosas así continúa la guerra en Ucrania”, afirmó este domingo Mijailo Podoliak, asesor de la presidencia ucrania.
Rusia tenía encerrados a cerca de 200 prisioneros de guerra en unos barracones de Olenivka. Estos militares ucranios eran en su mayoría miembros del batallón Azov, unidad del ejército ucranio conocida por sus orígenes fundacionales en la extrema derecha. Los prisioneros eran parte de los últimos grupos ucranios que resistieron en el asedio a Mariupol la pasada primavera. Las autoridades prorrusas de Donetsk informaron el pasado 29 de julio de que un bombardeo ucranio sobre la prisión había matado a 53 de los encarcelados. El Ministerio de Defensa ucranio replicó que sus hombres habían sido asesinados por mercenarios del grupo Wagner, sin el conocimiento del Ministerio de Defensa ruso, y que habían orquestado un falso ataque para hacer desaparecer sus cuerpos torturados.
Guterres medió entre las dos partes para conseguir que Moscú y Kiev aceptaran que una misión de la ONU fuera al lugar de la matanza. En agosto, en la reunión trilateral que mantuvieron en la ciudad de Lviv el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y Guterres, este último anunció que se había formado la misión, encabezada por el teniente general Carlos Alberto Dos Santos Cruz. Este militar brasileño retirado es un veterano comandante de operaciones de paz de Naciones Unidas.
El secretario general de la ONU admitió en Lviv que todavía le faltaban las garantías de los dos contendientes para que se garantizara la seguridad de la misión. Kiev dio su palabra de que no habría ataques en Olenivka mientras se desarrollara la investigación. Guterres confirmó finalmente en septiembre que había recibido el compromiso del presidente ruso, Vladímir Putin, de que permitiría el trabajo de los observadores de la ONU. Sin embargo, el portavoz del secretario general, Stéphane Dujarric, avanzó el 5 de enero que el viaje había sido cancelado porque “no se dan las condiciones para enviar la misión al lugar”.
La negativa de Dujarric de mencionar a Rusia como responsable de este fracaso diplomático ha enervado a la parte ucrania. Podoliak, una de las voces más contundentes del equipo de Zelenski, afirmó a través de sus redes sociales: “Rusia no aporta garantías de seguridad ni acceso al lugar para la misión de la ONU. Rusia es miembro del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero Guterres no plantea castigar a Rusia.
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