El 2 de noviembre, una protesta violenta estalló en Petropavlivska Borshchahivka, a las afueras de Kiev, cuando unas 200 personas se enfrentaron con fuerzas de seguridad ucranianas tras denuncias sobre un supuesto centro de tortura para hombres movilizados contra la invasión rusa. Las autoridades ucranianas niegan la existencia de una prisión clandestina y describen el incidente como una posible provocación, amplificada por propaganda rusa, mientras investigan tanto las denuncias de malos tratos como la manipulación informativa detrás de los hechos1.
Las fuerzas de seguridad respondieron con gases lacrimógenos y disparos de advertencia al aire, y la policía afirma que algunos de los promotores de la protesta no tenían la condición profesional que decían poseer. El caso se ha convertido en un ejemplo de cómo operan las redes de desinformación internacional, que transformaron el incidente en una historia viral sobre torturas sistemáticas1.
Qué ocurrió en Petropavlivska Borshchahivka
La protesta se originó frente a un edificio militar, señalado en redes sociales como un supuesto centro de tortura para reclutas ucranianos. Aproximadamente 200 personas atacaron a policías, militares y vehículos, exigiendo la liberación de hombres que permanecían dentro del recinto. La policía asegura que no existía una prisión clandestina y que el edificio funcionaba como punto de tránsito para militares movilizados mientras se tramitaban sus documentos1.
Cuatro hombres que estaban en el edificio habían sido localizados tras abandonar sus puestos sin permiso y posteriormente fueron trasladados al hospital con lesiones. La Guardia Nacional indicó que uno presentaba una fractura vertebral ya cicatrizada y otro habría dado positivo en drogas y se habría autolesionado, aunque las circunstancias de las lesiones siguen bajo investigación1.
Investigación sobre una posible provocación
El detonante fue la intervención de dos personas que intentaron entrar al edificio en una supuesta ambulancia privada; una de ellas, Valentina Moloda, se presentó como sanitaria, pero según medios independientes ucranianos, trabajaba como cosmetóloga. Moloda transmitió en directo desde el lugar, afirmando que había personas necesitadas de ayuda y que una había fallecido, lo cual fue desmentido por la policía1.
Moloda fue detenida el 3 de noviembre. Según la investigación, ella y su acompañante habían inspeccionado el edificio días antes y la ambulancia utilizada portaba los distintivos de una empresa que dejó de operar en 2023. El servicio de seguridad ucraniano (SBU) sostiene que Moloda actuaba a cambio de remuneración y se hacía pasar por sanitaria. La Fiscalía sostiene que fue contratada para sacar clandestinamente a un militar que había abandonado su unidad, presentando la operación como una evacuación médica1.
El papel de la propaganda rusa
El caso fue rápidamente amplificado por canales prorrusos, que lo transformaron en una historia sobre prisiones clandestinas y torturas sistemáticas. Redes como la operación Matryoshka fabricaron videos que imitaban medios internacionales y difundieron el relato en múltiples plataformas, generando la impresión de que se trataba de información verificada y confirmada por diversas fuentes1.
Una investigación de Monitor Disinfo rastreó cómo la historia circuló por Telegram, medios alternativos y comunicadores en España, incluyendo una breve mención en el Telediario de Televisión Española. Entre los primeros difusores se identificó a la cuenta DDGeopolitics, previamente señalada por servicios franceses como amplificadora de operaciones de desinformación rusas. Aunque no hay pruebas de coordinación directa entre todos los canales ni de que Moscú organizara el incidente original, los investigadores describen un mecanismo donde las acusaciones se repiten y adquieren apariencia de información contrastada1.
Nota de la Redacción: esta nota se basa en la información disponible al publicarla y se actualizará si otras fuentes aportan más datos.
Fuentes
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Datos basados en información reportada originalmente por El Mundo.






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