Las conversaciones nucleares entre Irán y Estados Unidos, realizadas recientemente en Roma, generan un nuevo capítulo en la compleja relación entre ambas naciones. Según Washington, estas sesiones fueron “constructivas”, mientras que Teherán las calificó de “complicadas”. Este diálogo se reinició el 12 de abril, en el marco de las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, y en su quinta ronda el pasado viernes, se dieron cita el jefe de la diplomacia iraní, Abás Araqchi, y el enviado estadounidense para Oriente Medio, Steve Witkoff.
Como escenario para este encuentro, se eligió la residencia del embajador de Omán en Roma, un gesto que refleja el papel mediador de este país. Las conversaciones marcan el nivel más alto de interacción entre ambos desde que Estados Unidos se retirara del acuerdo nuclear de 2015 durante la administración del expresidente Donald Trump. Dicho acuerdo estaba diseñado para limitar el programa nuclear iraní a cambio de un levantamiento de sanciones económicas internacionales.
Un alto funcionario estadounidense, bajo condición de anonimato, comentó que, aunque hubo progreso, sigue existiendo un considerable camino por recorrer. Araqchi, por su parte, admitió que los diálogos fueron más complejos de lo que se podría resolver en dos o tres reuniones, aunque resaltó el carácter “profesional” de los intercambios.
En este contexto, el ministro de Relaciones Exteriores de Omán, Badr al Busaidi, aclaró que se logró “algunas avances”, aunque sin llegar a resultados concluyentes. La clave del diálogo gira en torno al enriquecimiento de uranio; actualmente, Irán lo hace al 60%, superando ampliamente el límite de 3.67% establecido en el acuerdo de 2015, aunque sigue por debajo del 90% necesario para la fabricación de armas nucleares.
Irán ha sostenido consistentemente que su programa nuclear no tiene fines armamentísticos y que defiende su derecho a desarrollar energía nuclear con propósitos civiles. Sin embargo, Araqchi ha dejado claro que un requisito de Washington para impedir el enriquecimiento de uranio no será aceptado, lo que pone en riesgo las negociaciones, mientras Irán busca un acuerdo que alivie las sanciones que gravan su economía.
No hay que olvidar la atmósfera tensa que envuelve estas conversaciones debido a la enemistad histórica entre Irán e Israel, la cual ha sido un punto recurrente en el debate. Según informes, Israel estaría preparando ataques contra las instalaciones nucleares iraníes. En este sentido, Araqchi dirigió una carta al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en la que advirtió que Estados Unidos asumiría responsabilidad legal por cualquier ataque israelí.
Las conversaciones se desarrollan en un momento crítico, justo antes de que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) se reúna en junio y con la fecha de expiración del acuerdo de 2015 que se aproxima este octubre. La situación es delicada y las decisiones que se tomen en las próximas semanas podrían definir el futuro del programa nuclear iraní y las relaciones internacionales en la región.
Así, la presión sobre el avance de estas negociaciones no solo recae sobre Irán y Estados Unidos, sino que también afecta a Europa, los aliados de ambos países, quienes han manifestado que podrían reimponer sanciones en caso de que se vea amenazada la seguridad del continente. Apenas el tiempo dirá si se puede alcanzar un acuerdo digno y duradero, o si las tensiones abundantes acabarán por llegar a un punto de no retorno.
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