Venezuela ha dado un paso significativo hacia la modificación de su ley petrolera, un cambio que marca una apertura hacia la participación de empresas privadas en un sector tradicionalmente dominado por el Estado. Este movimiento se produce en medio de un contexto de diálogo renovado con Estados Unidos, tras el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro.
En un giro de acontecimientos desde el 2019, cuando las relaciones diplomáticas entre Washington y Caracas se tornaron tensas, se anuncia la designación de una nueva representante diplomática estadounidense para Venezuela. Esta reconfiguración política incluye la consideración de la reapertura de la embajada estadounidense, cerrada desde entonces, lo que podría señalar un deshielo en relaciones que parecían irreconciliables.
Delcy Rodríguez, quien asumió el poder interinamente tras la captura de Maduro en una operación militar, ha avanzado en reformas que buscan liberar el acceso de empresas privadas a la explotación de recursos petroleros. En una primera votación en el Parlamento, la reforma a la Ley de Hidrocarburos ha sido bien recibida, permitiendo que empresas privadas operen sin restricciones estatales.
Esta reforma, con el potencial de atraer inversiones extranjeras, subraya la intención del gobierno de facilitar acuerdos que generen ingresos en dólares, cruciales para la economía venezolana. Rodríguez, en una dinámica establecida con Donald Trump, ha destacado la venta de petróleo como un recurso financiero vital, reportando un ingreso inicial de 300 millones de dólares.
A la par de estos desarrollos, Venezuela ha visto un número significativo de excarcelaciones de presos políticos, impulsadas por un entorno que parece propiciar negociaciones favorables para la oposición. Según la ONG Foro Penal, desde el 8 de enero han sido liberados 143 presos, aunque aún persisten 777 personas detenidas por motivos políticos.
Mientras tanto, Rodríguez se ha consolidado como el rostro del gobierno, a pesar de las sanciones impuestas por Estados Unidos. Ha realizado cambios en la estructura militar, nombrando nuevos generales en diferentes comandos regionales, lo que sugiere un fortalecimiento de su control en un momento crítico.
El contexto actual también revela que el futuro de la administración se encuentra viciado por la inminente necesidad de nuevas elecciones, ya que la Constitución establece un límite de seis meses para el mando interino. Sin embargo, la mandataria ha manifestado confianza en la continuidad de su liderazgo.
A medida que las tensiones históricas parecen aflojarse, el mundo observa cómo este proceso de transformación en Venezuela podría alterar el mapa geopolítico y económico de la región. Las dinámicas entre el gobierno interino, la oposición, y un nuevo acercamiento a Estados Unidos suponen un capítulo decisivo en la historia reciente del país latinoamericano.
Actualización: Los datos corresponden a la fecha de 2026-01-22.
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