La reciente recomendación del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer un arancel del 50% a las importaciones de la Unión Europea (UE) a partir del 1 de junio ha generado inquietudes y una demanda de claridad por parte de la Comisión Europea. Este pedido se produce justo antes de una esperada conversación entre el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, y el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer.
La Comisión Europea, que supervisa la política comercial de los 27 países que la conforman, ha decidido no emitir comentarios sobre esta amenaza arancelaria hasta que se lleve a cabo dicha reunión. Tras el anuncio de Trump, las acciones en el mercado europeo cayeron, el euro perdió algunas de sus ganancias y los rendimientos de los bonos del gobierno de la zona euro experimentaron un descenso notable.
Analistas como Holger Schmieding, economista jefe de Berenberg, clasificaron esta situación como una “escalada importante de la tensión comercial”, señalando que las acciones de Trump siempre son difíciles de prever. Además, advirtió que esta medida podría tener un impacto negativo tanto en la economía estadounidense como en la europea.
Es importante destacar que la UE ya enfrenta aranceles del 25% sobre importaciones de acero, aluminio y automóviles provenientes de Estados Unidos, así como aranceles recíprocos del 10% a casi todos los demás bienes, con la posibilidad de que este último impuesto aumente al 20% después de la expiración de una pausa de 90 días que termina el 8 de julio.
Desde Washington, se argumenta que estos aranceles buscan compensar un déficit comercial estadounidense en bienes con la UE, que alcanzó casi 200,000 millones de euros (226,480 millones de dólares) el año anterior, según datos de Eurostat. No obstante, hay que mencionar que Estados Unidos disfruta de un superávit comercial significativo con la UE en el sector de servicios.
La semana pasada, EE. UU. envió a Bruselas una lista de exigencias para reducir dicho déficit, abarcando barreras no arancelarias, que incluyen la adopción de normas de seguridad alimentaria estadounidenses y la eliminación de impuestos nacionales sobre los servicios digitales.
Por su parte, la UE ha ofrecido un acuerdo que beneficie a ambas partes, que podría incluir la eliminación de aranceles en bienes industriales, la posibilidad de que la UE adquiera más gas natural licuado y soja, así como colaboración en temas como el exceso de capacidad en el sector siderúrgico, una problemática que ambos lados atribuyen a China.
La llamada entre Sefcovic y Greer está diseñada para continuar con las conversaciones ya establecidas, con miras a una posible reunión en París a principios de junio.
El viceministro de Economía polaco, Michal Baranowski, cuya nación ocupa la presidencia rotatoria de la UE, ha indicado que la amenaza de los aranceles del 50% podría ser una táctica de negociación. En sus declaraciones, destacó que las negociaciones se desarrollan de manera dual, tanto en privado como en público, y que podrían extenderse hasta principios de julio.
La Comisión Europea ha reiterado su preferencia por una solución negociada, aunque no escatima en advertir que tomará medidas de contrapeso si las conversaciones no logran un resultado positivo.
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