Estados Unidos ha dado un paso significativo en la lucha contra la proliferación de “deepfakes” y la difusión no consensuada de imágenes íntimas. Desde el martes, las plataformas tecnológicas están obligadas a eliminar este tipo de contenido, siguiendo una ley promulgada el año pasado por el expresidente Donald Trump. Esta normativa penaliza la distribución en línea de imágenes sexuales no consensuadas, que a menudo se crean con herramientas de inteligencia artificial accesibles para el público.
La Comisión Federal de Comercio (FTC) ha señalado que las plataformas deben implementar un proceso que permita a las víctimas solicitar la eliminación de ese contenido y deben responder dentro de un plazo de 48 horas tras recibir una petición válida. Aquellas que no cumplan con esta regulación podrían enfrentar sanciones severas. Antes de la entrada en vigor de la norma, la FTC se dirigió a varias empresas, incluidas Meta, TikTok, X (anteriormente Twitter) y Snapchat, instándolas a prepararse para el cumplimiento.
En un comunicado publicado, la cuenta de Seguridad de X destacó la gravedad del problema, afirmando que “no hay lugar en nuestra sociedad para que depredadores compartan fotos y videos íntimos de otras personas sin su consentimiento”. Sin embargo, la herramienta de inteligencia artificial Grok, desarrollada por la esfera de Elon Musk, ha sido objeto de críticas por su capacidad para generar imágenes sexualizadas sin consentimiento, alcanzando aproximadamente tres millones de creaciones en pocos días.
Aunque la ley establece un marco para abordar estas problemáticas, expertos advierten que no es una solución definitiva. Riana Pfefferkorn, investigadora del Instituto de Inteligencia Artificial Centrada en el Ser Humano de Stanford, ha expresado su preocupación de que la ley podría ser utilizada de manera inapropiada, afectando a personas trans y trabajadores sexuales cuyas imágenes sean consensuadas. Además, críticos de la libertad de expresión temen que la disposición sobre la retirada de contenido incentive a las empresas a moderar excesivamente el contenido, incluso si no infringe las normas, por temor a sanciones.
La creciente utilización de “deepfakes” y otras herramientas de inteligencia artificial ha superado en gran medida los esfuerzos regulatorios en todo el mundo. Innovaciones como aplicaciones de “nudificación” continúan proliferando en línea, lo que subraya la complejidad del desafío que enfrentan tanto legisladores como tecnólogos en esta área.
A medida que se efectúan estos cambios, se mantiene un diálogo urgente sobre el equilibrio entre la protección de las personas y la garantía de la libertad de expresión en el entorno digital, un debate que probablemente continuará desarrollándose en los meses y años venideros.
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