El gobierno del presidente Donald Trump ha tomado medidas decididas contra Brasil, abriendo una investigación sobre las prácticas comerciales de este país y alegando “ataques” a las empresas estadounidenses de redes sociales. Dicha acción fue anunciada por el representante comercial Jamieson Greer, quien enfatizó la gravedad de los problemas comerciales entre ambas naciones.
Estas tensiones se intensifican a raíz de una reciente amenaza de Trump de imponer aranceles del 50% a las importaciones brasileñas, en parte como respuesta a los procedimientos judiciales contra el exmandatario Jair Bolsonaro, implicado en un intento de golpe de Estado. Esta situación llevó a Washington a llevar a cabo la investigación prometida, que podría resultar en nuevas tarifas aduaneras a partir del 1 de agosto, a menos que se logre un acuerdo satisfactorio.
Greer comentó que, bajo la sección 301 de la ley de comercio de 1974, se están evaluando los “ataques” de Brasil a empresas estadounidenses, así como otras prácticas comerciales desleales que podrían estar perjudicando a empresas, trabajadores, agricultores e innovadores tecnológicos en Estados Unidos. Entre los aspectos a investigar están las barreras arancelarias y no arancelarias, que, según las autoridades estadounidenses, merecen un escrutinio exhaustivo.
Particularmente, Washington centrará su atención en el comercio digital y los servicios de pago electrónico, considerando si las regulaciones brasileñas están limitando severamente las operaciones de las compañías estadounidenses. Un caso destacado es el de Rumble, una plataforma de video que ha enfrentado bloqueos judiciales por rechazar censurar contenido político.
En el ámbito del etanol, Brasil ha sido acusado de cerrar las puertas a un trato preferencial hacia el etanol estadounidense, aplicando tarifas significativamente más altas que a otros productos. Este cambio en las políticas arancelarias no sólo afecta a la economía estadounidense, sino que también refleja un cambio en la dinámica comercial entre los dos países.
Por último, se han planteado serias preocupaciones sobre la incapacidad de Brasil para implementar adecuadamente medidas anticorrupción y la falta de protección de los derechos de propiedad intelectual. Las preocupaciones ambientales también están en la mesa, ya que Brasil es acusado de no aplicar de manera efectiva las leyes contra la deforestación ilegal, un problema que impacta directamente en la competitividad de los productores estadounidenses de madera y productos agrícolas.
A medida que se desarrolla esta situación, es evidente que las relaciones entre Estados Unidos y Brasil enfrentan un punto crítico. El desenlace de esta investigación y las posibles repercusiones podrían tener impactos significativos en el comercio y la economía de ambas naciones.
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