En un conmovedor homenaje, la hermana Geneviève Jeanningros, conocida cariñosamente como la “pequeña hermana de Jesús” y figura entrañable en la vida del Papa Francisco, ha vuelto a rendir tributo al líder espiritual con quien compartió una profunda conexión. Este momento llega tras la viralización de su emotiva imagen, capturada durante el día de la traslación del cuerpo del Papa, donde las lágrimas delatan la pena de una comunidad que apreciaba su guía.
Con una gran mochila verde y unos zapatos claramente desgastados, la hermana Geneviève se unió a las filas de los 128,000 fieles y peregrinos que se acercaban a la Basílica Vaticana para presentar su respeto al Papa. Junto a ella, Laura Esquibel, una trabajadora del espectáculo de Paraguay y una de las primeras personas trans en ser reconocida por el Papa, compartió memorias de encuentros pasados, incluyendo momentos de camaradería y risas. Geneviève se ha convertido en un símbolo de esperanza y amor, no solo para su comunidad, sino para todos aquellos que han tenido el privilegio de conocerla.
A sus casi 82 años, la hermana ha dedicado su vida a ayudar a los más necesitados, convirtiéndose en un ángel para feriantes, gitanos y demás comunidades marginadas en Ostia. Su relación con el Papa era especial; se comunicaban a menudo, y él le brindaba apoyo tanto espiritual como emocional. Recordó momentos divertidos, como una broma del Papa durante una visita al Luna Park de Ostia: «¿Pero explíquenme una cosa: ¿qué hace aquí sor Geneviève? ¿Doma a los leones?», que subrayaba la calidez y el buen humor que caracterizaba su trato.
El momento más impactante fue sin duda aquella jornada de luto, cuando la hermana se separó de la cola de asistentes para llorar al ver pasar el féretro del Papa, un momento que se hizo eco en los corazones de muchos. Aunque muchas solicitudes de entrevistas llegaron, Geneviève se abstuvo de comentarlo, afirmando que era demasiado difícil para ella. Su deseo de mantener viva la memoria de Francisco, con quien comparte un lazo único, es fuerte: «No puedo hacerlo porque es demasiado, le he querido demasiado, eso es todo», explicó con su distintivo acento francés.
Durante su visita reciente para rezar ante el féretro del Papa, Geneviève recordó la importancia de su vínculo, enfatizando que «siempre fue un padre, un hermano, un amigo». La tristeza que siente su comunidad es palpable, pues muchos se han acercado a rendir homenaje en este difícil momento. Incluso tras días de llanto, una de las últimas gestos que compartió con el Papa fue un beso enviado con la mano, un símbolo de ternura y cariño.
Así, en medio de la tristeza, esta historia de amor, amistad y servicio resuena, manteniendo viva la memoria de un Papa que dejó una marca imborrable en los corazones de quienes lo conocieron, y de una hermana cuya devoción y compasión siguen inspirando a muchos.
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