En el corazón de Manhattan, un imponente Buda de arenisca se alza en el High Line, invitando a los transeúntes a un respiro de tranquilidad en medio del bullicio urbano. Esta obra de Tuan Andrew Nguyen, titulada “The Light That Shines Through the Universe”, es una innovadora pieza de arte que conecta la historia con el presente. La escultura, que mide 27 pies de altura, fue seleccionada entre casi 60 propuestas y se instaló recientemente en West 30th Street y 10th Avenue, donde permanecerá en exhibición hasta la primavera de 2027.
Nguyen, conocido por su habilidad para reinterpretar el arte y la cultura, ha rendido homenaje a los Budas de Bamiyán, enormes relieves que datan del siglo VI y que fueron destruidos por los talibanes en 2001. La figura más grande, llamada “Salsal”, significa “la luz que brilla a través del universo”, un par de palabras que resuenan con el título de la obra contemporánea. La instalación no solo destaca por su calidad estética, sino también por su significado profundo, recordando la fragilidad del patrimonio cultural.
Cecilia Alemani, directora de arte del High Line, observa que esta escultura crea un contraste significativo con la modernidad del entorno neoyorquino. “Ofrece un indicio al público de que la temporalidad no es necesariamente una línea recta, y que las cosas pueden regresar, casi como en un ciclo”, explicó.
El Buda de Nguyen no es simplemente una copia de las icónicas esculturas perdidas, sino más bien un “eco” de lo que una vez existió. Sus manos, desconectadas del cuerpo de arenisca, fueron creadas a partir de bronce de artillería que proviene de la misma región de Bamiyán. Nguyen explica que este proceso de recreación es como contar una historia, una forma de mantener vivos los recuerdos y las tradiciones.
La mano derecha del Buda evoca el mudra de Abhaya, que simboliza la ausencia de miedo, mientras que la izquierda representa el mudra de Varada, relacionado con la compasión. Estas posturas son comunes en la iconografía budista e hinduista, aportando un nivel de profundidad y simbolismo que enriquece aún más la experiencia del espectador.
En un mundo marcado por la violencia y el cambio constante, la obra de Nguyen surge no solo como un testimonio de resiliencia, sino también como un símbolo de esperanza y conexión intercultural. A través de su arte, Nguyen nos recuerda la importancia de preservar las historias y tradiciones en un periodo tan volátil. Entre la modernidad frenética de Manhattan, su Buda ofrece un espacio para la reflexión, la compasión y la memoria, simbolizando la fortaleza del espíritu humano ante la adversidad.
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